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8 posts from octubre 2009

29/10/09

Un mundo increiblemente remoto (1 de 3)

Hola amigos, en primer lugar quiero deciros que hemos conseguido atravesar el duro y dificilísimo collado del Kam-La de 5.400 metros… Niños de Dolpo
Chiring consiguió los yaks “in extremis” y después de tres días nos pusimos en marcha collado arriba. Después de ver las dificultades del collado completamente helado y con un gran espesor de nieve como podéis ver en las fotos, comprendimos por qué era imposible cruzarlo con caballos o mulas. La altura de 5.400 metros y la abundancia de nieve junto con el peligroso hielo nos pusieron las cosas muy difíciles. La ascensión fue agotadora, y parecía no tener fin, pero lo peor es que no nos abandonó el fortísimo viento durante todo el ascenso. Nos quedábamos literalmente congelados. Las rampas eran muy duras y había que hacer zetas. El aire escasea en estas alturas, dificultando aún más la marcha. Nos preguntábamos cómo pasarían los yaks el collado… Interior del monasterio de Shey
Alcanzamos la cima de este collado de 5.400 metros, desde donde podemos ver toda la grandeza del alto Dolpo y el Tíbet. La vista alcanza más de 200 kilómetros de distancia y el aire es extraordinariamente limpio. Sólo distinguimos tres colores: ocre, blanco y azul, o lo que es lo mismo tierra, nieve y cielo. Es muy difícil expresar en palabras la magnitud del paisaje: sobrecoge. Y aún más si pensamos en lo lejos que estamos de nuestro mundo, o de la próxima ciudad de Nepal, a unos 15 días caminando, desde este punto en el que cualquier problema se agrava debido al tremendo aislamiento. Al fondo vemos perfectamente y casi tocamos con la mano la frontera de Tíbet con sus altos pasos de montaña, atravesados por conductores de caravanas en busca de la preciada sal para comerciar con las tierras del sur de Nepal. Hacen un largo viaje de 300 kilómetros en el interior de Tíbet hasta un lago donde extraen la sal, después regresan, y siguen viaje hasta la misma frontera de Nepal con India. En total, unos 1.000 kilómetros en 5 meses, cruzando innumerables pasos de montaña elevadísimos. Son unos súper hombres. Estas rutas sólo las hacen las gentes del alto Dolpo o los Kambas tibetanos y son famosos los conductores de caravanas de Saldang, la aldea mas aislada del alto Dolpo. Junto a habitantes Dolpa y Kambas tibetanos
Seguimos en el alto del collado del Kang-La de 5.400 metros y al mirar a la otra vertiente nos quedamos pasmados al ver el fuerte desnivel cubierto de una gruesa capa de puro hielo. Se nos antoja imposible que puedan bajar los yaks por aquí y, de nuevo, cunde entre nosotros (Manu, Emilio, Phuntchok y yo) el desánimo. Esperamos más de una hora hasta que llegaron los agotados yaks y nuestro amigo el yakero los insta a descender, pero en cuanto los bóvidos se asoman al otro lado, retroceden como si vieran al mismo diablo. ¡Es una pendiente helada de 50º de desnivel! El toro del Himalaya, que no es tonto, dice que “nanay de la China”. Phuntchok les pincha con el bastón y les tira del rabo, y finalmente los ruidos ensordecedores de los gritos de todos los que estábamos allí obligan a las bestias a descender, o más bien a tirarse por el precipicio helado. No sé cómo consiguen sujetarse, pero a pesar de los resbalones que parece que los arrastrarán al fondo del abismo, y las frenadas en el último instante a sólo 20 centímetros del vacío, van poco a poco descendiendo, con la ayuda de los dos yakeros y los sherpas. Es todo un espectáculo ver esto. Si me lo cuentan, no me lo creo. Después nos esperan fuertes pendientes cargadas de nieve que atravesamos con los yaks. Nos hundimos hasta la cintura y el avance es penoso.

Un mundo increiblemente remoto (2 de 3)

Ahora miramos atrás y nos damos cuenta que hemos conseguido algo muy difícil: entrar en el alto Dolpo bien avanzado octubre, a las puertas de noviembre. También somos conscientes, por la información que tenemos de ultima hora, de que todos los paso de salida del alto Dolpo están como este, cerrados a los animales de carga. Ahora no sabemos cómo saldremos de aquí, pero preferimos solucionar día a día los problemas. En el monasterio de Saldan
Nuestro objetivo es alcanzar el Reino de Mustang atravesando el alto Dolpo, la región más inhóspita del Nepal y casi diría yo de todo el Himalaya. Pero antes nos gustaría hacer algunas escaladas, sobre todo el Arniko Chulé, de más de 6.000 metros, cuya cima es frontera de las regiones de Dolpo, Mustang y Tíbet. Pero la realidad es que nuestro próximo objetivo puede ser cómo buscar la manera de salir del alto Dolpo cuando terminemos de alcanzar la parte más alta de estas frías y desoladas tierras. Seguimos ruta una vez descendido el gran paso de montaña de 5.400 metros de altura y, al atardecer, aparece ante nuestros ojos el monasterio de Shey, de 600 años de antigüedad, un centro de peregrinaje budista que se encuentra frente a las llamadas montañas de cristal, un lugar fuente de energías positivas según ellos, y donde sólo se encuentra este antiguo monasterio, a 4.500 metros de altitud. Decidimos pasar la noche aquí. Es un lugar cargado de historias. Incluso dicen que hace mucho tiempo se practicaba la religión Bon, antecesora del actual budismo lamaísta. Hay quien afirma que había monjes aficionados a la magia negra y hechizos. Sin duda aquí se podría dar cualquier escenario, y asusta un poco oír estas historias en este lugar tan aislado del mundo. En la cima del paso de Saldang Pas de 5.100 metros de altura
Al día siguiente emprendemos camino hacia Namgjun, otro monasterio aislado en mitad de la nada y de semejante altitud, pero antes nos espera otro collado de 5.100 metros que se nos hace muy largo, sobre todo por el intenso frío. Sin embargo, cuando lo coronamos nos quedamos boquiabiertos al contemplar las montañas que bordean el Tíbet. No alcanzamos a calcular cuántos kilómetros podemos ver en la distancia, pero son cientos. Creo que es la vez que alcanzo a ver más distancia desde una altura. ¡Es gigantesco! Visitamos a los monjes, que nos atienden con suma complacencia, y ya por la mañana seguimos rumbo hacia Saldang, la capital, por llamarlo de alguna manera, del alto Dolpo. Gentes de Saldan
Llegamos a mediodía y pronto nos damos cuenta que es la primera aldea que vemos desde que llegamos al alto Dolpo,… y es una aldea con abolengo. Las casas son grandes y la vida bulle. Todas las mujeres y hombres trabajan desgranando la cebada de las espigas, preparándose para el largo invierno. De esta aldea son los famosos caravaneros del Dolpo. De aquí parten todas las caravanas que atraviesan el Himalaya hacia el Tíbet en busca de la sal para comerciar con ella en las tierras bajas del Nepal.

Un mundo increiblemente remoto (3 de 3)

Son gentes rudas, maltratadas por los elementos, y estoy seguro que sólo ellos son capaces de adaptarse a este medio tan sumamente hostil. Viven con lo justo. El dinero casi no hace falta porque no hay qué comprar, no existen tiendas. Lo más importante es administrar lo poco que les da la tierra casi yerma y los yaks. Ascendiendo el duro paso del Kan-La
Sin duda estamos alucinados y con cara de sorpresa absoluta. Nunca antes había estado en un lugar donde verdaderamente el tiempo se haya detenido. Viven igual que hace cientos de años, exactamente igual, visten igual, comen igual y mantienen las mismas costumbres. No hay máquinas, casi no hay metales, y todo lo que tienen es lo que ellos pueden conseguir en estas lejanas tierras. Todo lo que parece mecánico es de madera, no hay engranajes, ni tornillos, ni palas, ni picos, nada metálico. Todo se hace a mano o con madera. El sol abrasa nuestra piel y no somos capaces de absorber tantas cosas que nos ocurren cada día. Espero que veáis el programa que estamos grabando para “Desafío Extremo” porque a nosotros nos parece algo excepcional. Creo que pocos lugares en la tierra se vive como hace cientos de años. Ascendiendo las duras rampas de los pasos de montaña
Nos hacemos muchos amigos, dolpas y kambas. Los kambas eran antiguos bandoleros de caminos que venían de la región de Amdo, pero ahora son héroes, ya que sólo ellos defendieron con armas, uñas y dientes el Tíbet ocupado por los chinos, y ahora gozan del status de héroes. Sin embargo han tenido que autoexiliarse en estas remotas tierras para no ser perseguidos por los ocupantes chinos. Ahora conviven perfectamente con los dolpas. Seguimos viaje hacia el este, desde donde os escribo, en una aldea pequeñita llamada Komasegeon, donde hace una semana han tenido lugar hechos muy desagradables, peor todavía considerando que son budistas. Dos vecinos, uno de ellos monje, se pelearon por unos terrenos y el monje murió apuñalado. La aldea esta compungida y triste. Es una rareza que esto ocurra, pero lamentablemente ha pasado. Ayudando a los porteadores a descender las pendientes heladas del paso de Kang-La de 5.400 metros de altura
Hace mucho frío ahí fuera. El sol se ha puesto y me animo escribiendo estas líneas. Estamos muy lejos de casa, nos quedan aún más de veinte días de expedición y la desolación del paisaje y la simpleza de estas gentes nos aturde con sentimientos a veces contradictorios, y más al saber que estamos en cierta manera atrapados en estos altos valles, de los que sólo se puede salir a través de los pasos de montaña de más de 5.000 metros de altura, completamente cerrados para los animales, incluidos los yaks. Esperemos que el paso de los días nos desbloquee o nuestra idea de alcanzar el reino del Mustang y las escaladas se terminará antes de haber comenzado. Tendríamos que concentrarnos en resolver cómo salir de aquí antes de que nos atrapen las nieves del invierno, que esperamos no se adelanten por la cuenta que nos trae. En la siguiente crónica sabremos si la expedición continúa según lo planeado o tendremos que buscar la forma de salir del alto Dolpo, que en sí mismo es en estos momentos toda una aventura. Jesús Calleja desde las recónditas tierras del Himalaya.

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23/10/09

Parados en mitad de un collado de 4.600 metros (1 de 2)

Hola, amigos. Después de la última crónica dejamos Paldan y llegamos a un espectacular pueblo de Dolpo de habitantes tibetanos que profesaban la religión Bon antes del actual budismo. Aquí se encuentra el campamento de los militares donde tenemos que pasar el control. No tenemos aún el permiso de rodaje, que se está gestionando en Katmandú y nos llegará vía satélite. Estamos muy nerviosos pues todo el mundo ya sabe que estamos grabando un documental y los militares nos esperan. Nos dicen que los permisos están ‘ok’, pero que no podemos grabar ni un minuto más, y que hay que guardar las cámaras en los bidones estancos. Con esa desolación montamos el campamento a orillas del lago de un color turquesa casi imposible. Nadie sabe exactamente el porqué de este extremado color. Hablamos Manu, Emilio, los sherpas y yo. ¿Qué hacer? Está claro que continuaremos con o sin cámaras. Mujer de Dolpo
Nos dicen que por la mañana hay que acercarse al cuartel a validar los permisos para poder entrar en el alto Dolpo, un lugar que se abre y se cierra con suma facilidad en función de los conflictos internos que tiene la región o el propio Nepal. Dolpo es la región más grande de Nepal y vive al margen de lo que ocurre en Nepal. Las gentes de estos remotos valles casi nunca han recibido ayudas del Gobierno y viven al antiguo estilo tibetano, pero de vez en cuando las guerrillas maoístas de los valles bajos alcanzan estos lugares, de ahí que existan controles militares. Además es puerta de entrada de diferentes collados con el Tíbet y, dado que también están las cosas revueltas por Tíbet, deciden controlar el paso de personas al alto Dolpo. Nosotros tenemos de esos pocos permisos que se conceden para poder entrar en estas remotas tierras casi olvidadas del Himalaya más profundo. Por la mañana nos acercamos al puesto militar y tenemos la gran suerte que están yo diría que muy felices de la cantidad de “chang” que han bebido. Están celebrando los tres días más importantes de las fiestas de Nepal: el Tihar. Sorprendentemente, esto nos ayuda a que hagan la vista gorda con las cámaras y nos dejen veladamente grabar. Alguien dice “yo no he visto nada”, pero aún así seguimos con el trámite del permiso. Todavía nos queda más de un mes de expedición y podemos encontrarnos con más sorpresas. Comenzamos muy pronto a caminar y ya desde el primer momento lo hacemos sobre la estrecha senda horadada en el lago Photsundo. Es casi imposible que puedan pasar las mulas por este estrecho camino de apenas 50 cm. Por esta razón los porteadores, cocinero, sherpas e incluso nosotros pasamos toda la carga en varios viajes durante el primer tramo de más o menos un kilómetro de largo. Es una tarea dura y tediosa. Después lo harán las mulas sin carga, dirigidas por el experto mulero. Mulas por el estrecho camino y al fondo el frío lago
En un pequeño pasaje estrechísimo, vemos lo deteriorado del camino y cómo en el fondo del lago hay una mula ahogada y restos de vigas de madera. Es muy fácil que se desmoronen fragmentos del camino. En estos pasajes no hay nada excepto paredes de roca verticales que llegan hasta el lago, y en estas paredes planas, los tibetanos de Dolpo incrustan vigas de madera y después ponen piedras planas a modo de losas para fabricar una senda donde no hay nada. Así está hecho todo el camino que bordea el lago durante 6 kilómetros. Invertimos casi el día entero en atravesar este lago y lo conseguimos sin perder ningún animal,… pero sí alguna carga y sobre todo algo muy preciado: ¡35 litros de keroseno!. Esto sí que es un problema, porque en el alto Dolpo no hay keroseno, ni madera, ni ningún otro combustible que no sea estiércol de animales. A partir de ahora toca economizar el keroseno o no podremos continuar. Hacemos cuentas y podremos conseguirlo siempre y cuando no perdamos más combustible de manera que decidimos no hervir el agua… Tremendas dificulatdes en los collados para pasar las mulas se decide que no puede ser a la espera de contratar yaks
Llegamos a un bosque precioso de álamos, pinos enanos, y otros arbustos. Encima de nosotros hay montañas de 6.600 metros y un valle de corte en “V” donde el sol sólo entra durante tres horas al día. Hace un frío húmedo endiablado, lo que nos obliga a cenar pronto, a las 6 de la tarde, y a las 7.30 estamos metidos en los sacos de dormir para entrar en calor. Este será nuestro ritmo a partir de ahora, pues el frío irá en aumento a medida que alcancemos altitud.

Parados en mitad de un collado de 4.600 metros (2 de 2)

Al día siguiente empezamos una larga y dura etapa, tenemos que alcanzar el campo base d. Hoy llegaremos a un campo base situado a 4.600 metros. Pero antes abandonamos el valle en “V”, y nos metemos con decisión en una brecha cortada a tajo de apenas 15 metros de ancha, fría, umbría, donde nunca entra el sol, y todo está helado. El camino serpentea por una difícil senda para los animales y el frío es atroz. Estamos subiendo constantemente los 800 metros de desnivel. Por fin vemos que esta estrecha brecha se abre algo y el sol entra ligeramente, pero a tan sólo 4.100 metros ya está presente la nieve en las caras norte. Al dueño de las mulas se le cambia el gesto al ver la nieve tan baja y abundante. Detiene la caravana y nos dice que continuaremos hasta el campo base, pero cree que no podremos pasar el collado con las mulas. Cardando lana
Nos deja “planchados”. Continuamos la marcha con pasos lentos, la altura hace mella en nuestros cuerpos aún no aclimatados. Incluso un porteador está fastidiado con fuertes dolores de cabeza. Emilio y yo lo atendemos aliviándolo con analgésicos. Casi no hablamos de la preocupación con la que nos ha dejado el dueño de los caballos. Por fin alcanzamos el campo base donde la garganta definitivamente se abre y disfrutamos de unas vistas fantásticas: picos de 6.600 metros nevados como merengues se ven al fondo la garganta por la que hemos subido. En los laterales formaciones calizas y las laderas de nuestro campo base nevadas. Más arriba vemos el empinado collado por el que tenemos que subir mañana y atravesarlo. Pero antes, las malas noticias… Emilio ante el lago turquesa
El dueño de los caballos decide subir hoy mismo con Chiring para ver como está el paso de este descomunal collado. Nosotros esperamos con tensión en el campo base. Al atardecer descienden agotados y nos comunican que para los caballos y mulas es totalmente imposible. Al otro lado del collado la nieve es muy espesa, la senda está bloqueada por el hielo y las pendientes son muy fuertes. Ningún caballo o mula sobreviviría. Dice que tenemos que dar la vuelta y esto significa que la expedición se ha terminado y que no podremos desvelar los secretos que nos aguardan detrás del gran muro de 5.400 metros que separa el bajo Dolpo del alto Dolpo. ¡No me lo puedo creer! Hablamos largo y tendido con los sherpas. Decidimos que se marchen los caballos y nosotros esperaremos en este punto hasta que Chiring encuentre Yaks en el pueblo de Photsundo, el poblado que esta al final de lago a dos días de distancia. Chiring lo acepta, le damos un teléfono satélite y nos comunicaremos con el mediante otro teléfono satélite. Enormes montañas por todos lados
Las caras son largas y los ánimos están por los suelos. Estaremos al menos cuatro días aquí parados sin saber que será de nuestra expedición. Chriring ya se ha ido y aún no tenemos noticias sobre si ha podido contratar Yaks en esta época tan cercana al invierno. Es difícil que alguien se preste a pasar este fabuloso muro helado de 5.400 metros y otros cinco collados más, todo un mes de travesía a las puertas del invierno en un lugar donde te puedes quedar completamente aislado si las nieves deciden adelantarse. No es una broma: es uno de los lugares más radicales del Himalaya. No hay casi nada de lo que entendemos por vida occidental y uno se las tiene que arregla como puede. Si el invierno se adelanta, pues simplemente te quedas atrapado donde te sorprenda como ha ocurrido desde los tiempos inmemoriales y seguirá ocurriendo. Tendríamos que pasar el invierno en alguna pequeña aldea tibetana, o tendrían que evacuarnos en helicóptero si algún aparato pudiera volar hasta aquí, cosa que dudo mucho. Jesus y Emilio remontando un collado de 4100 m para pasar el tramo final del lago

Ahora os escribo desde mi tienda de campaña a unos -15ºC, compartiendo esta tienda con Phuntchok. Estamos los dos con diarrea y vómitos aunque con claros síntomas de mejoría gracias a las medicinas. Son las consecuencias de no tener keroseno y no hervir el agua. Hay muchos excrementos de yak alrededor y alguna oportunista bacteria se ha instalado en nuestros calentitos cuerpos. ¡Mañana las echaremos! ¡Tenemos unos buenos antibióticos! Amigos, en la siguiente criónica sabréis si conseguimos los yaks y si después logramos atravesar este gigantesco collado helado. Jesús Calleja desde la remota región del alto Dolpo

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20/10/09

Hugo: El lado más solidario de Jesús Calleja

Que Jesús Calleja es un aventurero único ya lo sabemos. Que tiene un corazón que no le cabe en el pecho, los que tenemos la suerte de conocerle, también lo sabemos. Ahora toda España lo sabrá también, y es que el aventurero más divertido de la televisión apadrina Hugo.

Como podéis ver en esta entrevista, Jesús nos explica los motivos que le han llevado a colaborar activamente en este proyecto solidario de Cuatro. ¿Qué es Hugo? Entérate en la web de Cuatro. ¡Deja aquí tu mensaje de ánimo para Jesús!

19/10/09

Los reinos de Dolpo y Mustang (1 de 2)

Hola amigos, ya hacía tiempo que no os escribía crónicas. En la expedición anterior escalamos el Mont Blanc con nuestros amigos del mundial de motociclismo Héctor Barberá, Dani Pedrosa, y Marc Coma. Nos fue imposible llevar los equipos satélites, así que os pido disculpas. Ahora os escribo desde el mismísimo corazón del Himalaya: el Dolpo. Dolpo es una región inhóspita, la más grande de Nepal, pero también la más despoblada, donde apenas viven 5.000 personas. Esta muy mal comunicada, no hay carreteras, y muy pocas escuelas u hospitales. Aterrizamos en una pista de piedras a 2.600 metros de altura y en 150 metros
Nosotros (Manu, Emilio, Phuntchok, y yo) hemos alquilado una avioneta modelo Pilatos Porter en Katmandú, a nuestro amigo Sonam, y hemos realizado un increíble vuelo a través de la cordillera del Himalaya. Primero directos hacia el norte para filmar de cerca los Ganesh Himal, después volamos entre valles del Himalaya, hasta alcanzar el Manaslu, una de las 14 montañas que tienen más de 8.000 metros, después casi tocamos con los dedos los Anapurnas, también de más de 8.000 metros, y el Dhaulagiri, que pasa holgadamente los 8.000m. En total tres montañas de los llamados “los 14”. Nos hemos metido en un vuelo casi acrobático por la garganta del Kali Gandaki, que es la más profunda de la tierra, y sobrevolado el mismo borde de la frontera con Tíbet, y filmado la ciudad amurallada, casi medieval de Lo-Mantang. Los fuertes vientos nos obligaron a no dar muchas pasadas, mientras Manu vomitaba todo lo que tenia dentro del mareo. Pusimos la avioneta de 6 plazas rumbo a nuestro destino final: la región del Dolpo, asilada como ninguna otra en el Himalaya.Después de un vuelo único entre valles, montañas de más de 8.000 metros, gargantas sin fin, y valles aún por explorar, aterrizamos en una pista estrechísima, de apenas 150 metros de longitud, a 2.600 metros de altitud, compuesta de piedras y tierra. Pocos son los que se atreven con este aterrizaje, y apenas dos modelos de avioneta que lo pueden hacer. Todavía con los nervios a flor de piel, somos conscientes que estamos en el bajo Dolpo: en Juphal.Nos encontramos con Chiring, el sherpa joven con el que escalé el Everest y Lhotse, y que ahora ya es “Sirdar” o jefe de sherpas.Tiene listo nuestro pequeño equipo humano, que consta de unos 8 porteadores incluido el cocinero, más un sherpa y Chiring. En total 10 personas, 14 mulas y nosotros cuatro: Manu, Emilio, Phuntchok y yo. Antes de emprender el espectacular vuelo entre los valles del Himalaya
Por delante una fantástica aventura que nos llevara al menos 40 días. Queremos entrar por el bajo Dolpo, y caminando alcanzar el alto Dolpo, hasta la frontera con Tíbet, después girar hacia el este, y adentrarnos en un territorio muy poco transitado por humanos, apenas alguna caravana de yaks y poquísimos occidentales. Después volveremos a girar hacia el noreste y alcanzaremos un lugar llamado “valle vacío”, donde existe un paso a 5.750 metros de altura no utilizado por los habitantes locales debido a lo expuesto y remoto del lugar. A gran altitud sobre volando los Himalayas respirando oxigeno
Nosotros intentaremos, si la climatología nos lo permite, escalar el pico Arnio Chulé. Creemos que sólo dos expediciones lo han conseguido. Y aquí viene el plato fuerte: queremos descender de este pico por su ladera este, cubierta de hielo y nieve, y explorar por primera vez en la historia este valle que se adivina en los mapas y fotos satélites.

Los reinos de Dolpo y Mustang (2 de 2)

Sabemos con certeza que nadie ha hecho esta ruta y menos aún intentar escalar otra de sus numerosas montañas, todas ellas de más de 6.000 metros de altura. Apreciamos en las fotografías satélites un extenso campo de hielo y glaciares por todas partes. En esta zona sólo nos adentraremos, Manu, Emilio, los dos sherpas y yo. El resto del grupo lo enviaremos por el collado de 5.750 metros a un lugar llamado: La Pedhi, donde se supone que nos encontraremos días después. Luego continuaremos ruta hacia otro reino anclado en el tiempo: el reino del Mustang. Dentro del pequeño avion Pilatus Porter
Es una grandiosa aventura, la mas larga que hemos hecho en Desafío Extremo, y en ella se dan todos los alicientes de las grandes aventuras: muchos días sin para de caminar, conoceremos gentes y culturas que viven como en el antiguo medievo, escalaremos montañas cargadas de historias y otras aún vírgenes, exploraremos valles nunca antes pisados, abriremos una ruta por los campos de hielo y glaciares nunca antes pisados, y saldremos hacia un mundo todavía perdido en el tiempo, donde existe una pequeña ciudad con rey y reina propios. Esta ciudad se encuentra amurallada y cierran la puerta por las noches, como en las antiguas ciudades medievales. Se llama Lo-Mantag, y está en el reino del Mustang. En total serán casi 500 kilómetros caminando y más de cuarenta días. Todo es incierto. Este es el plan, pero nos pasarán tantas cosas que, de todo lo que queremos hacer, nada es seguro. La expedición puede morir en unos días si el invierno decide adelantarse y nos corta el paso en alguno de los 7 collados altísimos, de más de 5.000 metros, donde tendremos que pasar con las mulas. Si nieva copiosamente esto será imposible. El Dhaulagiri de más de 8.000 metros de altura
En el Dolpo o en el Mustang, si las nieves son tempranas, los reinos quedan aislados y nadie se mueve. Estamos solos, ya no hay visitantes en esta región, es mediados de octubre y le estamos echando mucho valor arriesgándonos a quedar incomunicados, ya que calculamos que no terminaremos la expedición hasta finales de noviembre. Ahora os escribo desde una pequeña aldea a 3.100 metros llamada Polam, junto a un inmenso lago de color turquesa, y una catarata de casi 200 metros, la más alta de Nepal. Hace frío y aparecen nubes de altura que presagian cambio a mal tiempo. ¡Empezamos bien!. También estamos preocupados ya que es una zona castigada por los ataques de la guerrilla maoísta, donde hace muy poco se producían violentos ataques entre maoístas y ejército. Hay controles militares donde no dejan entrar las cámaras, y aquí estamos con la intención de rodar un documental con estas premisas. Espero tener suerte. Siempre la tengo y si no, ya me las arreglaré como otras veces para salir de los entuertos. Niña de Dolpo
De momento llevamos cuatro días caminando junto al río Suli, entre abetos gigantescos de 30 metros de altura, bambú, laderas repletas de cáñamo, un agua turquesa que ruge como un dragón al precipitarse por los imposibles rápidos, y una terrible humedad que nos cala los huesos cuando la temperatura desciende cerca de los cero grados. En los próximos cuatro días nos esperan tres grandes dificultades: la primera será pasar el control militar, la segunda atravesar el lago Phoksundo, donde tendremos que descabalgar las cargas y pasarlas a mano en varios tramos. Estos pasos son muy estrechos, apenas 40 centímetros de ancho y cientos de metros de caída vertical. Un mal paso te manda al otro “barrio”. Y para finalizar, el tercer obstáculo es un collado de casi 5.400 metros, barrera natural que comunica con el alto Dolpo, y selecciona a los que osan entrar en este reino perdido. Os escribiré la próxima crónica desde el otro lado del muro, en un lugar donde el tiempo se ha detenido y sin duda es de los más aislados del planeta.

Jesús Calleja desde el reino del Dolpo escondido en el corazón del Himalaya.

Sobre este blog

Jesús Calleja os acercará a través de este blog sus viajes, aventuras y anécdotas en su Desafío extremo por los cinco continentes

¿Quién es Jesús Calleja?

Nació en León y su profesión es la aventura. Ha viajado por todos los rincones del planeta. Practica el alpinismo y participa en los rallys más duros del mundo.

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