Sobre el Blog

Jesús Calleja os acercará a través de este blog sus viajes, aventuras y anécdotas en su Desafío extremo por los cinco continentes

¿Quién es Jesús Calleja?

Nació en León y su profesión es la aventura. Ha viajado por todos los rincones del planeta. Practica el alpinismo y participa en los rallys más duros del mundo.

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29/04/08

Ya estamos fuera del Polo Norte

Jesus_calleja_en_moto_de_nieve_en_l Ya estamos en la base Borneo, ahora a más de 200 kilómetros del Polo Norte, la fuerte deriva también la ha desplazado mucho. A las tres horas nos recoge el avión Antonov, que aterriza ante nosotros con un estrepitoso ruido y frena en los apenas 500 metros que tiene la pista de aterrizaje sobre el hielo del océano ártico. Nos han recogido antes de lo previsto porque las grietas están ya en las cercanías de la base. La están desmontando a toda prisa. El día 29 de este mes de abril, ya no quedará nadie, el peligro de ruptura del hielo es inminente. Ellos lo tienen claro, la banquisa ártica se esta destruyendo a mayor velocidad de lo que se creía y son conscientes de que dentro de menos de 10 años, en el verano ártico no quedará casi hielo.

Se nos avecina, por el cambio climático, un desastre de consecuencias imprevisibles. Y nosotros lo hemos vivido “in situ”. Cada vez hay menos hielo, por lo que el sol se refleja menos en la superficie helada, que no absorbe calor. Sin embargo, aumenta la superficie de agua, que sí absorbe la luz solar y por tanto su calor, con lo que se funde más cantidad de hielo. Es como un bucle sin retorno aparente. Si sumamos a este fenómeno de autodestrucción, que al estar el petróleo cada vez más caro, empieza a ser rentable la explotación del 25% de las reservas de gas y petróleo que hay en el fondo marino del Ártico, podéis imaginaros el aumento de emisiones de gases nocivos a la atmósfera. Volverá a aumentar la temperatura global y el efecto bucle será aún mayor. Si esto ocurre, nadie sabe qué catástrofe ocurrirá pero será, sin duda, muy grave.

En_las_islas_svalvard_en_moto_de_ni Ahora, día 26 de abril, estoy en las islas Svalvard. Ayer alquilamos unas motos de nieve (único medio de transporte aquí) y recorrimos 250 kilómetros por la costa este en busca del oso polar. No tuvimos suerte, a pesar de que estas islas las habitan el doble de osos que de humanos. Pero disfrutamos de lo lindo cruzando glaciares, pasos de montaña y viendo paisajes de increíble belleza. Es un lugar muy hostil, el clima es tan riguroso que no hay árboles, el suelo está congelado todo el año. Como anécdota os diré que se nos estropeó una moto de nieve en mitad del mar a 150 kilómetros de la ciudad, por lo que tendrán que sacarla en helicóptero. Menos mal que lo cubre el seguro...

Ahora estoy haciendo la mochila para regresar a España. En apenas 15 días Emilio y yo partiremos hacia Ecuador, donde escalaremos un esquivo volcán con gran actividad que se encuentra en un apartado lugar en la selva, alcanzando los 5.700 metros de altura. Resultará duro, es la época de lluvias y hay muchos metros de desnivel a salvar. Si conseguimos escalar este volcán llamado Shangay, intentaremos ascender el Chimborazo, otro volcán de casi 6.400 metros con un gigantesco glaciar que, a pesar de ser más alto, no reviste tantas dificultadas como el Shangay. Será una expedición muy atractiva que podréis seguir en directo, como siempre, y luego en Cuatro en el programa Desafío Extremo de la próxima temporada.

Desde estas líneas también agradecer a RMD y a turismocastillayleon.com, su imprescindible colaboración a la hora de conseguir estos fantásticos programas de Cuatro.

¡Amigos, os espero en apenas 15 días! ¡No me falléis!

Jesús Calleja desde el Ártico

28/04/08

Los rusos cumplieron

P1030275 Hola amigos, desde la última vez que os escribí, continuó la tormenta y no pudimos dar ni un paso, pues los vientos arreciaron y era imposible caminar. A -35º C y con viento de cara, la sensación térmica es de muchos grados menos y cualquier superficie que esté expuesta a la intemperie, es susceptible de congelarse; los capilares sanguíneos no tienen capacidad de calentar esa parte de piel. Ya lo vimos en la cara de Emilio, tenía una sola parte de la cara expuesta al aire y se le quedó blanca.

Por lo tanto, renunciamos a llegar al Polo Norte por tercera vez. Y nos dimos por satisfechos de haber recorrido el último grado (unos 120 kilómetros) con nuestros trineos cargados y alcanzar el Polo Norte. Después, la deriva nos desplazó y al día siguiente volvimos a llegar al Polo de nuevo, aunque luego esa deriva fue tan intensa, que sumada a la tormenta que nos obligó a estar detenidos, llegamos tan lejos navegando con el conjunto del casquete polar, que ya fue imposible conseguir una tercera vez el Polo.

Sin embargo, sí realizamos todos los experimentos que teníamos en nuestro programa y probamos los inventos del trineo-catamarán-piragua.

Sin duda, la expedición ha sido un éxito. Poco a poco se nos irá conociendo más por el mundo, el proyecto Desafío Extremo es muy grande y estamos rondando unos documentales increíbles para la próxima entrega. Cada vez nos acoplamos mejor al programa y, además de las espectaculares imágenes y del reto de resolver la actividad deportiva que nos marcamos, cada vez hay más humor y ritmo. ¡La nueva serie resultará fantástica!

Como os decía, la tormenta nos mantuvo bloqueados pero nos sirvió para conocer el medio ártico mejor y adaptarnos a cualquier situación, por grave que sea. Hay que recordar que estábamos solos y dependíamos exclusivamente de nosotros cuatro para todo. Había que resolver cualquier imprevisto, y surgieron muchos, mientras la temperatura casi nunca subió de - 35º C. Esto templa nervios, te adaptas y te endureces y, sobre todo, coges experiencia. Ya estamos en marcha para nuevas expediciones polares mucho más ambiciosas que espero que os gusten.

Recogida_en_helicoptero_desde_el_po El día 24 nos sacaron en helicóptero desde las inmediaciones del Polo Norte. El helicóptero llegó y nos llevó a la base Borneo. Por las ventanillas vimos la gran cantidad de canales de agua que se han abierto, especialmente por los fuertes vientos que soplan. Incluso desde la altura del helicóptero, a veces, los canales son tan grandes que no se ve su terminación. Según Ramón, nunca vio canales tan inmensos de agua líquida, tanto de ancho como de largo. Así que los inventos que hemos probado son muy importantes para poder avanzar en el futuro cuando alguien quiera moverse por el casquete polar, que cada año esta más destruido y caótico.

Hemos enseñado las fotos de nuestros experimentos con el trineo-catamarán “transformer” y todo el mundo se ha sorprendido, especialmente los exploradores, que cada año se enfrentan a mayores desafíos para atravesar los canales de agua. Pensamos que los resultados obtenidos tendrán muy buen calado en la comunidad científica y sobre todo deportiva, pues es sin duda una manera segura y rápida de avanzar en las travesías en línea recta sin tener que realizar largos rodeos para salvar esas grietas.

Jesús Calleja desde el Polo.

25/04/08

Otra crónica desde el Polo Norte

Ya lo habéis leído, otro experimento realizado.

Aún hacemos más experimentos y observaciones. Para nosotros, no sólo es un reto deportivo arrastrar nuestro trineo durante más de 100 kilómetros sino que queremos probar nuevas cosas y también entrenarnos para futuras expediciones. Pronto sabréis dónde repetirá el Incredible Team.

Terminamos de cenar a las dos de la madrugada y nos acostamos con la intención de continuar al Polo Norte por tercera vez.

Maria_march_con_la_cara_completamen Pero no todo sale como uno quiere. Esa noche se desata una tormenta que nos obliga a desarmar el campamento muy rápido. Caminamos durante todo el día y casi no paramos a descansar. Se nos hielan las pestañas, cejas, aliento, sudor… ¡un horror! A medida que pasa el día, el viento arrecia y es inaguantable. En un momento determinado decidimos parar, es imposible continuar. Al parar, observamos que Emilio tiene una pequeña marca blanca en la cara, es síntoma de que empezaba a formarse una congelación, se la calienta con la mano y no fue a más, ahora sólo tienen una pequeña escara, según Ramón, típica en estos climas. Es un cámara inigualable, trabajar en estas condiciones es durísimo.

Montamos, exhaustos y congelados, el campamento. Los dos hornillos al máximo y entramos en calor; la sorpresa nos la llevamos cuando miramos el GPS y vemos que la deriva está a casi un ¡kilómetro a la hora! Es una locura, en tan solo 12 horas estaremos en el punto de inicio de este día. Desesperados, cenamos y nos acostamos. Al despertar ya estamos más lejos que en el punto donde ayer comenzamos a caminar. La deriva nos lleva hacia atrás a una velocidad increíble. Hay que esperar y dejarse llevar por la deriva, flotando. Todo el casquete polar se mueve al unísono, en dirección Alaska y nada podemos hacer. Ramón dice que esta es su sexta expedición al Polo Norte y jamás había visto estas derivas y este tiempo tan cambiante y brumoso. Algo está pasando y, sin duda, está relacionado con el cambio climático.

Es imposible llegar al Polo Norte por tercera vez y hoy tampoco es posible que nos movamos, si lo hiciéramos estarían garantizadas las congelaciones al menos en la cara. Tenemos que seguir esperando a que pase la tormenta.

Mientras escribía esta crónica, nos llaman de la Base Borneo y nos comunican que mañana vienen a buscarnos, la tormenta ha arreciado y ya solo quedamos otra expedición y nosotros. Así que han decidido sacarnos, por nuestra seguridad. Debemos abandonar el Polo Norte. En la base nadie entiende qué hacemos aquí tantos días y están algo preocupados.

Aceptamos las órdenes que nos han dado, no nos queda otra, es el último viaje del helicóptero, esta temporada, a las inmediaciones del Polo Norte y tenemos que cogerlo.

Aquí estamos haciendo una cena de despedida, será la última cerca del Polo Norte. Luego nos llevarán a la Base Polar Rusa Derivante y desde allí nos transportarán en un avión Antonov.

Cenando, recordamos lo bien que lo hemos pasado, las experiencias de caminar de una manera autónoma arrastrando trineos de 80 kilos y montando nuestra “casa” en mitad de la nada, con nuestro rifle para protegernos del Oso, que deambula por estas latitudes. Rememoramos todas las experiencias: experimentos, inventos que hemos comprobado, nuestra reclamación haciendo llegar nuestra bandera al fondo marino...

Y sobre todo, vivir en un lugar tan hostil y frío aprendiendo técnicas esquimales que Ramón nos ha enseñado. Está siendo una expedición atípica, dura, pero muy gratificante. ¡Es el Polo Norte!

Os seguiré informando de cómo salimos del Polo Norte y de nuestro regreso a las islas Svalvard, donde aún nos esperan más aventuras.

Jesús Calleja desde las inmediaciones del Polo Norte

24/04/08

Continuamos en el Polo

Sigo relatándoos nuestras aventuras y experimentos.

María y Ramón se subieron al catamarán y yo me instalé en el engorroso traje de supervivencia. Ambos nos situamos en la posición de salida y empezó la competición.

El catamarán navega muy estable y sus dos ocupantes sólo tienen que remar y dejar caer sus cuerpos hacia atrás, de este modo la proa rompe el hielo como un rompehielos. La fórmula es sencilla, eficaz, y no cansa. Yo, con el traje, parezco un muñeco de “michelín”, me cuesta mucho nadar y si moviera las rodillas, me precipitaría de bruces. Y lo peor de todo, si no me reincorporo rápido, el agua se colaría en el traje, en la zona del cuello no es estanco, y me iría al fondo como un plomo. Llego a la orilla reventado del esfuerzo. Conclusión: el ‘transformer’ gana ¡por goleada!

También probamos el trineo en la forma de kayak y nos dimos cuenta de que en aguas abiertas es muy rápido y estable, pudiendo cubrir grandes distancias con seguridad y velocidad. De nuevo gana el ‘transformer’.

Probamos de varias formas diferentes el traje: nadando de espaldas, de frente, de lado… pero es muy lento y la menor corriente te arrastraría. ¡El traje pierde!

Además de experimentar con traje y ‘transformer’, hemos intentado pescar con caña, carnaza y anzuelo. No tenemos éxito. ¡El pescador pierde!

Maria_march_y_jesus_calleja_se_reta A las diez de la noche, aquí sigue siendo de día, decidimos hacer otro experimento: ¿Cuánto aguanta el cuerpo humano desnudo a -35º C? ¿Cuántos metros podríamos cubrir corriendo? María y yo nos retamos. Ella en bikini y yo en calzoncillos; ambos con botines de pluma para no congelarnos los pies, nos batimos en una carrera en “pelotas” por el Polo Norte.

Salimos de la tienda caldeada a unos 22º C positivos y de repente a - 35º C, una diferencia de 57º C en un solo segundo, y a correr como desesperados. María y yo vamos empates y recorremos unos 150 metros. Ahora estamos parados unos minutos, sin correr. El cuerpo esta al límite de lo soportable y le digo que regresemos:

- María, media vuelta, o me quedaré sin apéndices y hay uno que no me gustaría perder por nada en el mundo…
- Vale, pero antes tenemos que meternos en el agua y dar al menos tres brazadas.
- Tú no estas bien de la cabeza, anda vamos que me muero de frío.
- ¡Vete tú!
- Mejor vamos los dos y una vez te calientes intentas lo de meterte en el agua, “chica loca”
- Acepto
- Pues a la carrera a la tienda

Nos metimos en la tienda tiritando. Emilio y Ramón mantienen la tienda caliente y nos recuperamos sin problemas, aunque estamos de color azul pitufo.

Yo pensé que lo de meterse al agua era broma, pero María, insiste.

- Ahora al agua
- Tu estás loca, si lo intento me muero
- Pues me voy sola y gano
- ¡No te atreverás!
- ¿Qué no?

Y en ese momento sale despavorida de nuevo a la grieta, yo salgo detrás vestido completamente y no doy crédito a lo que veo: hace un agujero en el hielo, se mete del tirón, nada tres brazadas, sale arrastrándose por la nieve, grita de frío, corre de nuevo a la tienda. Antes de entrar, levanta los brazos: me ha ganado. ¡Mujeres al poder!

Ya sabéis, os seguiré informando…

Jesús Calleja

23/04/08

Seguimos en el Polo Norte

Seguimos en el Polo Norte, Emilio, Ramón, María y el que os escribe.

Necesidades De alguna manera, nos hemos adaptado al intenso frío y a las incomodidades que supone sobrevivir en condiciones extremas. Todo es cuestión de disciplina y de no cometer errores. Aunque junto a Ramón Larramendi es difícil cometerlos, son asombrosos sus conocimientos sobre la vida en el Ártico. Es una enciclopedia ártica con patas, se sabe todos los trucos. Para que os hagáis una idea de quién es Ramón, os diré que realizó una travesía circumpolar, partió desde Groenlandia y finalizó en Alaska, después de atravesar Canadá. Recorrió ¡14.000 kilómetros! con tres compañeros y siempre utilizando medios ancestrales: a pie, kayak o trineo de perros. Haciéndose sus trajes con piel de oso y procurándose la comida con las viejas artes esquimales.

Tardó tres años en completar esta hazaña y aprendió los trucos para vivir en terrenos tan hostiles de los esquimales. Pero no termina aquí su historia, ha realizado innumerables travesías inéditas, entre las que destaca la primera travesía en catamarán arrastrado por la fuerza del viento, con un invento también suyo en el que acopló una cometa gigante a un catamarán. Con este artefacto recorrió 4.500 kilómetros.

En fin, que podría estar horas y horas hablando de sus hazañas. Nunca olvidaré las largas tertulias en la tienda de campaña. Prescinde de cualquier modernidad superflua sacando el máximo partido a cualquier material, para nosotros obsoleto. ¡Para vivir en el Polo, utiliza cosas que compra en las tiendas de chinos! Tiene una bolsa morada que es mejor que la de McGiver: cuando hay un problema técnico, saca de ella la solución.

Lleva un gorro de época medieval, unas mayas como las de “Crispín”, el de los tebeos del capitán Trueno, unos botines de plumas como los de Robin Hood y un reloj, que le debió de tocar en un huevo Kinder cuando era niño. ¡Es un tipo genial! Hemos prometido volver a hacer alguna expedición juntos, ya lo tenemos planeado y va a ser espectacular. Sin duda repetiremos los cuatro, para eso somos el Incredible Team.

He querido hablar de Ramón, antes de entrar en faena. Es mi pequeño homenaje a tan ilustre personaje del que no paro de aprender cosas a diario.

TransformerFue el día 19 de abril cuando os escribí la ultima vez, nuestra intención era continuar hasta el Polo Norte por tercera vez. Pero al despertarnos, la grieta, que al principio era pequeña, tenía 8 metros en la parte mas estrecha y más de 20 en la más ancha. En cuanto a longitud, no alcanzábamos a divisar el final. ¡Perfecto, podíamos volver a experimentar los inventos de Ramón y los del noruego!

Dicho y hecho, nos pusimos manos a la obra y probamos de nuevo el catamarán trineo o el kayak trineo. El invento tiene tres posibilidades: o es trineo o catamarán o kayak. De las tres formas, nuestro “transformer” funciona a la perfección. Estamos sorprendidos de la eficacia del sistema diseñado por Ramón Larramendi. Ahora llega el momento de comprobar qué es más eficaz, este “transformer” o el traje de supervivencia del noruego Borgue Ousland.

Pero esto, os lo contaré en la próxima crónica. ¡Atentos!

Jesús Calleja

19/04/08

Más experimentos

Aquí seguimos, probando experimentos. Ahora nos toca comprobar si funciona otro equipo que transportamos. Nuestro segundo experimento por hoy: dos trajes que te permiten meterte en ellos con la ropa puesta en menos de un minuto. Se cierran hasta el cuello, pero no son estancos a partir de esta zona. Por eso hay que tener mucha precaución para no meter la cabeza dentro del agua, porque entraría irremediablemente y, si es mucha, te enviaría al fondo del mar ártico.

Decido apuntarme voluntario, para la prueba. Me lo instalo y me acerco al borde del témpano. Delante de mí, un oscuro mar y 4000 metros hasta el fondo. Meto los pies, luego las piernas, no me entra agua, continúo con el resto del cuerpo y ya está. Estoy flotando dentro de un extraño y novedoso traje, en medio de este mar, rodeado de hielo por todas partes. Hago pruebas de nadar verticalmente, arrastro el trineo y con el piolet avanzo rompiendo el hielo de poco grosor. Después entra Ramón y seguimos con las pruebas, también Emilio lo prueba y nos ha funcionado. Este invento es de un noruego, considerado como el más “máquina” en exploración actual ártica, Ousland Borge. Cuando le veamos le diremos que funciona.

Pero aún nos queda otra cosa por hacer:
El año pasado, los rusos enviaron un submarino al mismísimo Polo Norte, descendiendo hasta el fondo a 4.300 metros y colocaron una bandera de Rusia. Dijeron que tomaban posesión de esa zona para su explotación futura, cada día más cercana, de las grandes reservas de petróleo y gas que hay debajo de este mar helado. Países como EEUU, Canadá, Noruega, Dinamarca, etc. se encolerizaron al ver las imágenes que dieron la vuelta al mundo.

Termo Nosotros en un acto sincero, como los rusos, decidimos hacer algo que opinamos tiene el mismo valor:
Agujereamos un termo para que se llenara de agua y le atamos un cordino, al que unimos la bandera de León, la única que teníamos en representación de España, y la enviamos hacia el oscuro fondo de 4.300 metros de profundidad del Polo Norte, como los rusos. Ahora Rusia y España tienen bandera en el fondo del Polo Norte, con una ligera diferencia: Rusia se gastó unos millones de dólares en enviar un submarino y nosotros nos gastamos 15 euros en el termo.

A las 22.30h., sin comer nada en todo el día, montamos el campamento a 200 metros de la enorme grieta. Ahora que estamos acomodados a las dos de la mañana, empezamos a cenar y oímos un ruido seco. Salimos de la tienda y a sólo 25 metros vemos que se ha abierto una grieta de medio metro, en la que aparece agua liquida. Aquí todo esta en movimiento y tenemos que vigilar esta grieta para ver hacia dónde evoluciona. Nos organizamos en turnos de tres horas cada uno y si sigue creciendo, que es lo que está haciendo en este momento, tendremos que plegar el campamento y colocarnos en otro sitio.

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Mañana, continuaremos nuestra expedición de nuevo al Polo Norte, al que estimamos llegar en dos días, la deriva y el tiempo que hemos dedicado a los experimentos, nos ha alejado de nuevo a unos 20 kilómetros del Polo Norte.

La expedición está saliendo increíble, hemos podido probar muchas cosas, hacernos una idea de este clima hostil, sacrificarnos al límite arrastrando los trineos muy cargados y, sobre todo, quedarnos en los alrededores del Polo Norte. Para el jefe de la base rusa Borneo, a quien damos el parte diario vía teléfono satélite, somos el “incredible team”, ya que, normalmente, cuando una expedición llega al Polo arrastrando un  trineo, lo último que quiere es quedarse unos cuantos días, soportando el sacrificio y la rutina del rigor ártico. Pero nosotros hemos venido a probar diferentes cosas, observar lo que ocurre aquí mismo, ver qué gente viene, cómo son los temporales, experimentar nuevos conceptos árticos y entrenarnos en uno de los lugares más extremos y radicales del planeta.

Si queréis saber si conseguimos llegar por tercera vez al Polo Norte, estad atentos.

Jesús Calleja desde el Polo Norte

18/04/08

Nuestros experimentos en el Polo Norte

Hola amigos, aquí seguimos Emilio, Ramón, María y el que os escribe, en los alrededores del Polo Norte.

Acampamos en el mismísimo eje de rotación de la tierra, como os conté en la crónica anterior. Con la emoción de haber llegado al Polo Norte arrastrando nuestros trineos y siendo autónomos, nos fuimos a dormir y al despertarnos, comprobamos que la deriva nos había llevado a casi 6 kilómetros. Parece magia, plantas la tienda en un lugar y cuando despiertas estas a 6 kilómetros.

Recogemos el campamento y nos ponemos en marcha en un ventoso, nivoso y desagradable día. De nuevo las grietas, fracturas de presión y la nieve fresca, dificultan el arrastre del trineo, pero lo peor es que el aire sopla de cara y es helador. Si arrecia, tendremos que parar a montar la tienda y esperar que pase la tormenta o sufriríamos congelaciones aseguradas en la cara. Por suerte el viento continúa estable y nos deja avanzar.

A sólo 500 metros, de nuevo, del Polo Norte, vemos el helicóptero y aceleramos el paso. Lleva la misma dirección que nosotros y tiene intención de aterrizar, así que podemos ver quién llega. Aterriza y salen 17 rusos, nos saludamos e intercambiamos frases en ingles: son de diferentes partes de Rusia y ninguno es de pocos recursos económicos. Uno de estos “varones” rusos le ha preguntado a María si quería casarse con ella y le ha dicho:
-¿Sabes lo que es la electricidad?
María responde:
-Si
El ruso:
-¡Pues es mía!

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Nos dejó flipados aunque aún alucinamos más cuando sacaron el caviar, pescado de esturión ahumado, vodka, mucho vodka, y empezaron una fiesta polar. Nos unimos a ella y acoplamos nuestro chorizo y cecina de León. ¡A comer y, sobre todo, a beber! Ya hemos conseguido otro objetivo, que alguien coma de nuestros productos de la tierra en pleno Polo Norte. ¡El ‘bareto’ ha quedado inaugurado! Después giramos como niños jugando al corro de la patata y pasada una hora, se fueron.

Hoy ha sido otro día increíble y nuestra segunda llegada al Polo Norte. Ya dentro de los sacos, durante la inexistente “noche”, se desata un tremendo temporal que agita la tienda violentamente. Los trozos de hielo salen volando e impactan contra la tienda como metralla y la ventisca empieza a enterrar los trineos y a hacer ventisqueros. Es casi imposible salir de la tienda. No se ve el sol y la visibilidad es poca. Cuando aquí hay tempestad, es la cosa más seria que uno se pueda imaginar, el solo hecho de pensar que estamos solos, en mitad de la nada y sin que el helicóptero pueda rescatarnos en caso de peligro, nos “acojona”.

Aguantamos en nuestra pequeña casa de tela amarilla, hasta que el día 17 hacia las cuatro de la tarde, cuando el temporal amaina. Salió un esplendido sol, pero con tal frío, que hicimos un pequeño experimento: cogí mi cuchara y tenedor de metal, les eché un poco de saliva y se quedaron pegados en el acto, como si estuvieran soldados. Lo peor es que al mirar el GPS, estábamos a ¡20 kilómetros! del Polo Norte. ¿Cómo puede ser que estuviéramos en el Polo y unas cuantas horas después estemos a 20 kilómetros del él? Cuesta trabajo comprenderlo, pero es así.

Empezamos a caminar a las 5 de la tarde con intención de seguir durante 8 horas. Nos daba igual que se hiciera tarde porque siempre hay sol y queríamos recuperar esos kilómetros perdidos por la deriva. A eso de las siete nos topamos con una gigantesca grieta, muy ancha pero sobre todo larga, que nos obliga a utilizar por fin el invento de Ramón y uno de nuestros experimentos clave en esta expedición: convertir los trineos en un pequeño catamarán.

Nos ponemos manos a la obra con una ilusión desbordante: ¡estamos experimentando!

Vaciamos los trineos y los convertimos en catamarán en muy poco tiempo, utilizando los skies como travesaños, listos para navegar en un océano de 4000 metros de profundidad. Dicho y hecho, nos subimos al catamarán y comprobamos que flota bien, que no hay fugas de agua. El hielo sobre el que flotamos es de unos 10 centímetros de grosor y tenemos que romperlo apoyando nuestros cuerpos en la popa de artefacto. El frágil hielo se rompe, con el piolet quitamos los trozos grandes y con las palas, remamos. Todo lo que nos sirve para instalar la tienda de campaña, ahora sirve para navegar. Conseguimos llegar a una isla de hielo en mitad de la enorme grieta y regresamos. ¡El invento funciona, es increíble! Ramón ha perfeccionado uno de los grandes problemas de los exploradores árticos, ya sólo habrá que mejorarlo para que sea más seguro. ¡Funciona!

Atentos a los siguientes experimentos. Aún hay más…

Jesús Calleja desde, o cerca de, el Polo Norte.

En el Polo Norte

Hola otra vez amigos, ya sabéis, estamos en el Polo Norte.

Desde este punto, no hay más que rumbo sur, no existe el este, el oeste ni el norte, podemos dar una vuelta a la tierra en sólo dos segundos, en sólo un segundo y con un  salto de un metro, puedo pasar de día. Hoy es lunes, doy otro pequeño salto y ya estoy en martes, otro salto opuesto y regreso al lunes. Los usos horarios se juntan todos aquí, es la zona más cercana al centro de la tierra. En fin, que es una pasada ver las cosas que suceden al estar en el mismo eje de rotación de la tierra. Pero lo más curioso, desde mi punto de vista, es que además de estar en el punto de rotación terrestre, nos estamos desplazando porque estamos sobre la banquisa helada del casquete polar, nos movemos ahora a 400 metros por hora. Ya hace una hora que hemos llegado y tenemos que buscar de nuevo el Polo Norte que ahora se sitúa a 400 metros del punto al que habíamos llegado, donde colocamos nuestra tienda de campaña.

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Comienza el ritual de instalar el campamento, meternos dentro y, esta vez, celebrar que dormiremos sobre el techo del mundo. Fuera, en nuestros bastones de ski, hondean las banderas de Cuatro, RMD, Castilla y León, y la de León.

La presión barométrica sigue bajando y sabemos por la  información que nos han pasado por teléfono satélite, que al menos habrá tres días más de borrasca. Nos da igual, estamos calentitos, en una buena tienda, tenemos productos de nuestra tierra, algo de alcohol y una alegría que se nos sale por todos los costados.

Ahora a disfrutar de todo esto en uno de los lugares mas extraños, pero bellos, del planeta. ¡Tenemos que hacer algo entre todos, que se conciencien los gobernantes del mundo, para que esto no desaparezca, como dicen los científicos que va a ocurrir en el verano Polar del año 2015! Reciclemos, disminuyamos el consumo energético, conservemos nuestros bosques, usemos más el transporte público… Si todos participamos, se notará. Aunque son los gobiernos que más contaminan los que deberían ponerse de verdad a trabajar.

Ahora nos quedaremos en el Polo Norte hasta que salga el último vuelo de la base flotante Borneo, que se desarmará hacia el día 25 de este mes de abril, cuando el hielo empiece a ser poco seguro para que aterrice el avión. Hasta entonces, nosotros permaneceremos por este mundo helado caminado todos los días, de nuevo, en busca del Polo Norte.

Nuestra idea es ver qué gente llega, que serán turistas ricos en busca de la foto del Polo Norte, científicos y, tal vez, algún aventurero o explorador. No lo sabemos, pero como es el año Polar internacional, seguro que alguien llegará.

Estad atentos que la aventura continúa y habrá sorpresas, no cabe duda, aún nos falta encontrar agua líquida para probar el trineo catamarán y los trajes de agua. Será toda una experiencia vivir 20 días en el Polo Norte, solo con las cosas que porteamos en nuestros trineos, soportando temporales y temperaturas de - 37º C, como las de hoy, y aprendiendo a orientarnos entre ventiscas del maestro Ramón Larramendi. Esto es ¡pura supervivencia!

Jesús Calleja, desde el mismísimo Polo Norte.

17/04/08

Llegada al Polo norte

¡Hola amigos, ya estamos en el Polo Norte!

Hemos Llegado antes de lo previsto. Os contaré cómo nos fue desde la última crónica.

Después de escribiros, empezó a soplar una ligera brisa heladora y por la “noche”, ya sabéis que aquí nunca hay noche, empezó a arreciar el viento hasta zarandear la tienda de campaña. Miramos el barómetro y había caído en picado, presagio de que se nos venía encima un “marrón”.

Ramón insistía en no cometer errores, las congelaciones serían muy rápidas. Hay que recoger el campamento deprisa, muy deprisa, porque el frío es casi insoportable, sobre todo en las manos. Hay que sujetar la tienda con mosquetones a los trineos, en un descuido una racha de viento podría volarla y sería un auténtico desastre. Como dice Ramón, hay tres megacrisis árticas: quedarte sin combustible, que no te funcione el teléfono satélite, y perder la tienda de campaña.

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La rutina diaria es levantarse con más pena que gloria, el cambio de temperatura al salir del saco es tan dramático, que en el solo acto de incorporarme y salir de él, hay más de 40º C de diferencia. Tiemblo un ratito, después tenemos que sacar los sacos al exterior y sujetarlos para que se congele el vapor de agua que se condensa sobre su superficie. Al congelarse al instante, lo cepillamos y así evitamos mojar su interior. Después metemos los hornillos y “caña” para calentarnos, derretimos agua, llenamos los termos, hacemos las bolsas con los frutos secos para las pequeñas paradas y nos vestimos.

Antes de salir miramos el GPS, que nos indica cómo ha ido la deriva. Cuando hay viento y “marrón”, como ahora, lo normal es que te aleje a varios kilómetros del punto donde paramos a dormir. ¡Sorpresa! nos ha tocado la lotería ártica, estamos navegando hacia el Polo Norte en línea recta. Mientras dormíamos, hemos avanzado a increíble velocidad, directos hacia el Polo, hasta situarnos a tan solo cinco kilómetros. No damos crédito, Ramón, que hace con ésta su sexta expedición, dice que no conoce un caso así: ‘No me lo puedo creer, mientras dormimos, nos hemos acercado más al Polo Norte que caminando, es inaudito. Es mágico que avanzáramos tanto y tan deprisa sin caminar hacia el mismo Polo Norte. Aquí todo es diferente y cualquier cosa puede ocurrir’.

Con esta alegría y una vez concluidos todos estos rituales que nos llevan casi tres horas, nos vamos al exterior, donde hace unos bonitos - 37º C. Nos ponemos en marcha eufóricos para completar los últimos cinco kilómetros, ya todo nos da igual: ¡hoy llegaremos al Polo Norte!

Al cabo de dos horas, estamos en el último kilómetro y resulta difícil encontrar el Polo. El centro del eje de rotación de la tierra es sólo un punto en el que convergen todos los meridianos, que son 360, lo que hace que el GPS se vuelva loco. Es increíble ver que pasamos meridianos uno detrás de otro en minutos: ya estamos a solo 100 metros del Polo, pero no lo localizamos exactamente, pues la deriva lo cambia a cada minuto. 50 metros, nos acercamos, 20 metros, nos quitamos los arneses con los que arrastramos los trineos y rastreamos alrededor hasta ver en la pantalla del GPS los 90º 00´. ¡Estamos en el Polo Norte!

16/04/08

En Pleno Ártico II

Aquí estoy con vosotros otra vez:

Viendo, o más bien sufriendo, estas temperaturas de las que os hablaba, me extraño ante la posibilidad de que en el verano del 2015 se deshaga por completo el casquete Polar con el intensísimo frío que está haciendo, los científicos me responden que ahora hay una ola de frío, pero que, por ejemplo, el año pasado la temperatura en este mes subió a - 4º C, toda una anomalía. Y el verano pasado se registró ¡lluvia, en el Polo Norte! Pero lo peor de todo es que lo que verdaderamente se lleva el hielo son las corrientes de agua cada vez más alarmantemente calientes, especialmente la corriente del Golfo, completamente alteradas.

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Yo desearía para mí esas anomalías, por lo menos hasta que lleguemos al Polo Norte. Estoy completamente congelado casi todo el día: manos, pies, cara… es un verdadero suplicio luchar contra el frío constantemente, haciendo molinillos de manos, dando palmadas, patadas y con un dolor horrible cada vez que entran en calor. Por este proceso pasamos decenas de veces al día y al acostarnos tengo un dolor en los dedos de la cantidad de veces que se congelan y se calientan de nuevo.

En fin, así es el Ártico, difícil, muy difícil, ultra frío y peleón.

Aún así, pienso dejarme el pellejo por llegar al Polo Norte con ese muerto de trineo que llevo a cuestas, y que supongo que en algún momento probaremos. De momento, arrastro el doble de kilos que Emilio y María. Parezco un enterrador sacado de las películas de Clint Eastwood, con un ataúd ocupado por algún temido pistolero después de haber sido ahorcado y que arrastro hacia ninguna parte. 

La suerte es que nuestra tienda es confortable y conseguimos calentarla hasta 20º C de temperatura. En ella secamos la ropa, entramos en calor, hacemos la comida, en un ambiente calido amenizado por las historias increíbles de Ramón Larramendi, un personaje único del que ya os hablare, y música cañera.

Esto es ¡aventura en su máxima expresión! Estamos solos en mitad de este universo de hielo, cansados, mejor dicho agotados, rodeados de belleza, una belleza simple pero magnifica. Los cuatro nos sentimos felices de estar aquí a pesar de la dureza y mañana, 11 de abril, lo celebraremos con una botella de pacharán y una tarta que nos hemos traído para mi cumpleaños. ¿Existe un sitio mejor para cumplir años?

¡Estad atentos a las siguientes crónicas y sabréis como me van las cosas en la travesía al Polo Norte!

Jesús Calleja, desde algún lugar indeterminado, aproximándome al Polo Norte.

15/04/08

En Pleno Ártico I

Hola amigos, ya estoy metido en faena y de qué manera…

El día 9 de abril partimos muy temprano en helicóptero desde la Base Rusa flotante, Borneo, en busca de la posición desde la que queremos empezar la travesía hacia el Polo Norte, que es el último grado, hacia el 89, latitud norte. Son más de cien kilómetros y, a priori, sería una travesía sencilla. Pero estamos en el Polo Norte y todo se complica. Para que os hagáis una idea, somos de los últimos en llegar a la Base avanzada Rusa de Borneo. Antes, han partido otros grupos y no han avanzado casi nada, o incluso han retrocedido, por culpa de ese fenómeno llamado ‘Deriva’ del que ya os he hablado anteriormente. Por esta deriva, no ha llegado al Polo Norte ninguno de los grupos que partió hacia allí, y eso que ¡sólo tenían que hacer unos cien kilómetros!

Además, existe algo que diferencia esta travesía del resto de expediciones de hielos: son miles y miles de placas que chocan unas contra otras levantando témpanos de hielo de kilómetros de longitud, que hay que pasar como sea. Una tarea titánica, hacerlo con los trineos que ahora pesan más. Como pretendemos quedarnos una semana en el Polo Norte, tenemos que cargar con todo lo necesario para más de 20 días y ahora mi trineo, por poner un ejemplo, pesa casi 90 Kg. Aquí no terminan las dificultades, también hay canales de agua semi-helada y de agua líquida, que es donde probaremos el invento de Ramón Larramendi, además de probar otro invento de trajes estancos de supervivencia.

Al_respirar_el_vapor_de_agua_se_con 

A estas trampas y alguna más, hay que sumar los - 35º C continuos y la humedad ambiental que es el peor enemigo con frío extremo. Cuando respiras, en menos de un minuto se forma una capa de hielo en cejas, pestañas, bello, piel, ropa, etc. Al cabo de una hora estás completamente blanco, hay que quitarse continuamente el hielo de la cara y calentarse las pestañas con la manopla para eliminar el hielo que se fija. Y no exagero lo mas mínimo.

En este lío estamos metidos Emilio, Ramón, María y yo. Hoy hemos sabido de primera mano lo que es: Todo el día sin para de caminar, sin comer, llegando tarde a instalar el campamento, exhaustos y solo hemos caminado 11 kilómetros. Para remate, cuando nos levantemos por la mañana, como pasó ayer, habremos retrocedido por la deriva, que si hay suerte será “solo la mitad”, y vuelta a empezar.

Hay que tener mucha fuerza de voluntad para no tirar la toalla. La prueba son las evacuaciones que está habiendo todos los días. Hasta ayer, nadie había alcanzado el Polo Norte desde que se instaló la Base Flotante Rusa esta temporada.

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Ahora estamos cenando tras un día durísimo: un laberinto de canales, promontorios de hielo, agujeros, montículos, ventisqueros y un frío atroz. Sólo hacemos tres paradas, para comer frutos secos y un vaso de té, máximo 10 minutos porque si te paras más te congelas. Para caminar hay que quitarse la chaqueta gorda que es la que más te protege y lo hacemos con las chaquetas simples de gore-tex y tres capas más. Si paras mucho tiempo, el sudor se congela en el acto y en las dos primeras capas se convierte en hielo. Hoy, cuando llegamos al campamento, no podía quitarme la chaqueta exterior porque estaba soldada a la siguiente capa de ropa por el hielo acumulado. Hasta esos límites llega el frío, sobre todo estos días que está habiendo una ola de ario antártico, con una mínima registrada en la Base Borneo, desde donde partimos, de - 41º C.

Seguiré contándoos cosillas.

Jesús Calleja, rumbo al Polo Norte.

14/04/08

Base flotante Borneo en el ártico II

Hola otra vez, amigos.
Sigo relatando  nuestra aventura Polar.

Continuando con la deriva: te puedes pasar el día entero caminando, te paras a dormir y cuando te levantas has retrocedido todo lo caminado y encima pierdes un buen número de kilómetros más.

Esta es la situación real, nosotros hemos decidido quedarnos en la base Borneo y esperar un cambio de la deriva a favor, o menos dramática si continúa al sur. Así que aquí estamos los cuatro en amor y compaña, solos en esta base, con los 30 rusos que trabajan en el mantenimiento y funcionamiento de esta complicada base flotante.

Me parece curioso cómo la instalan, según nos han contado hoy, y que además hemos visto en un vídeo:Emilio_y_jesus_calleja_junto_a_su_t

Primero, desde un avión escogen un lugar adecuado en la banquisa polar. Una vez localizado, fletan otro avión y tiran un montón de cajas con equipamiento en paracaídas gigantes, pero, sobre todo, una pesada máquina escavadora, que servirá para hacer la pista de aterrizaje, limpiando y alisando un tramo de hielo de unos 500 metros. Así podrán aterrizar los aviones Tupolev que traerán el resto del equipo, hasta que queda instalada por completo esta base temporal que se mantendrá en pie dos meses. Al cabo de ese corto periodo de tiempo, no quedará nada aquí, al ser hielo terminará derritiéndose en su avance a mar abierto.

Esto es Borneo, un grupo de rusos fortachones, un montón de tiendas gigantes de plástico y unos precarios, a pesar del ‘pastón’ que hemos pagado, servicios ofrecidos por los rusos.

Ayer, día 6, nos fuimos a la cama a eso de la 12.30h. de la noche con un solazo de miedo. Aquí hay sol las 24 horas al día y eso dificulta el sueño, altera los biorritmos naturales y el cuerpo no sabe si es de día o de noche,  algo que agota.

Por la noche, pasamos un frío increíble, yo creo que ha sido de las peores noches de frío de toda mi vida. Al final terminé, y no es broma, en el saco de dormir de María intentando entrar en calor y ella en vez de darme una patada en el trasero, no opuso ninguna resistencia, estaba más congelada que yo. Emilio también se queja del espantoso frío de la ‘soleada’ noche. Sólo Ramón dice: ‘una noche normal, de las típicas del Ártico’.

Por la mañana decidimos estrenar el trineo en los alrededores de la base para saber cómo funciona la técnica de arrastre, conocer los trucos y ver lo que va y lo que no del material. Tendremos que caminar arrastrando el pesado trineo durante muchos kilómetros, superando la diferencia de la deriva y aguantando tanto la humedad como un intensísimo frío de -35ºC casi constantes.

Resumiendo, va a ser una pesadilla luchar contra tantas cosas, bajo un hielo que en ocasiones apenas tendrá 15 centímetros de grosor y que se ondula al caminar o sorteando canales de agua líquida con el invento anfibio de Ramón, siempre que la dichosa deriva nos deje a aproximarnos al Polo Norte.250_km_entre_valles_y_collados_espe

De momento, seguimos en la base en compañía de unos americanos que están experimentando sobre el cambio climático con un montón de cacharros tecnológicos. Es alucinante verlos trabajar sobre la banquisa de hielo; otro grupo de canadienses que están en lo mismo y los rusos que andan a su bola, sin hablar ni papa de inglés y que te miran con la indiferencia de los tipos rudos.

Ya hemos instalado nuestra tienda de campaña con más pena que gloria y dándonos cuenta, los novatos, de lo que tenemos que trabajar en el futuro para poder afrontar cada etapa con éxito. Tendremos que realizar todas las tareas diarias con una disciplina militar, si queremos salir de éste lío no sólo sanos y salvos, sino con el Polo Norte conseguido.

Será duro, muy duro, pero como dice mi abuela: ‘sarna con gusto, no pica’.

Estad atentos a las siguientes crónicas, prometen tensión e incertidumbre.

Jesús Calleja, a tan solo 180 kilómetros del Polo Norte.

11/04/08

Base flotante Borneo en el Ártico I

Polonorte_3 Amigos, ya he llegado al Ártico, pero antes os cuento cómo me fueron las cosas desde la última crónica:

El día 5 de abril, después de probar los trajes, nos fuimos a cenar con los dos únicos españoles que viven en estas remotas tierras: María Luisa y Luís.

Cuando llegamos al restaurante, reconocimos a María Luisa muy rápido, porque era la “alegría de la huerta”, risueña como solemos ser los españoles y más concretamente los andaluces. María Luisa nos presentó al otro español, Luís Merino. Ella está haciendo un doctorado, trabajando para el departamento de microbiología marina de la Universidad de Longyearbyen y vive aquí desde el 2006. Él es geofísico, especializado en física del plasma y se vino a estudiar auroras boreales, llegó en octubre del 2007. Nos lo pasamos bomba con las anécdotas de ambos. Con la alegría en el cuerpo y varias cervezas, nos fuimos a la cama, el día siguiente sería muy emocionante.

Por la mañana nos levantamos y fuimos al aeropuerto para los últimos preparativos y cargar los trineos en el avión ruso Antonov. Antes tuvimos que pesarlos: el de María 40 Kg., el de Emilio otros 40 Kg., el de Ramón 91 Kg., y el mió 80 Kg. Miro el tamaño y peso del trineo, me miro a mí y me da la risa. ¡80 Kg., frente a mis 59! Ramón me mira y creo que le doy un poco de pena pues me dice que intentara quitarme peso de alguna manera. Más le vale, porque a lo mejor por mi culpa no llegamos muy lejos. Esto es una autentica novedad para mí y aunque me siento fuerte y entrenado, me parece demasiado para mi pequeño cuerpo. Aunque, como siempre digo, hay que utilizar la cabeza ante las situaciones que llamamos ‘imposibles’. Estoy convencido de que podré.

Una vez resuelto el tema de las cargas y los detalles burocráticos con las autoridades del aeropuerto, que son mínimas y sin complicaciones, embarcamos en un obsoleto avión, rumbo a la base flotante Borneo. Despegamos en mitad de una ligera nevada y a los 5 minutos despeja. La belleza pura de las montañas nevadas de las islas Svalbard, se mezcla con un sin fin de glaciares. Al llegar a la costa se confunde con el mar helado, que lo distinguimos porque en él flotan miles de témpanos. Si a todo esto sumamos que nos dirigimos a un punto a menos de 200 kilómetros del Polo Norte, las sensaciones se disparan. Estoy nervioso como un niño cuando le dan el regalo de Reyes: ¡¡Me voy al Polo Norte!!

Cientificos_americanos_agujereando_ Poco a poco el mar esta completamente helado, ya no hay témpanos, es un bloque compacto de hielo, sólo truncado por la gran cantidad de canales que se abren. Esto es el signo inequívoco, según nos cuenta Ramón, de que el cambio climático avanza a un ritmo impensable desde hace unos años.

Son casi tres horas de vuelo. Cuando sentimos que los motores bajan la potencia e iniciamos el descenso, mi corazón sube de pulsaciones. Queda muy poco para tomar tierra, mejor dicho, hielo. Los pilotos rusos son de una habilidad fuera de dudas, lo han hecho muchas veces y siempre con los mismos aviones desfasados. Ya lo hacían en tiempos de guerra fría y, posteriormente, cuando americanos y rusos utilizaban el Ártico para espiarse y llenar sus fríos y oscuros mares de tecnología militar.

Ahora estamos los cuatro aquí en mitad de la nada, en un lugar tremendamente hostil a  -35º C, con un ligero viento y en mi caso con cara de tonto ante la belleza.

Bajamos los trineos del carguero y caminamos 200 metros hasta la base Borneo, que es una pequeña instalación de hangares de plástico. No hay nada más a cientos de kilómetros a la redonda.

Al llegar nos meten al comedor para darnos un té o café caliente, pues el choque de temperatura al bajar del avión es bestial y se necesita una adaptación que no tenemos, excepto Ramón que es el ‘hombre de hielo’. El resto de nosotros, nos apuramos a la hora de entrar al calor del comedor.

El director de la base Borneo, que se llama Víctor Boyarse, nos informa de que hay una tremenda deriva. La masa del hielo Ártico se mueve al unísono en una dirección, en este caso al sur, pero el Polo Norte es un punto determinado y fijo que no se mueve. Así que nosotros nos desplazamos continuamente respecto al Polo Norte. El desplazamiento puede ser a favor, acortándose considerablemente la distancia, o en contra, como nos está ocurriendo ahora. ¡Se aleja nada más y nada menos que ¡24 kilómetros al día!

Os seguiré informando.

Jesús Calleja, muy cerca del Polo Norte.

10/04/08

Longyearbyen (Svalbard) II

Svalbard Hola otra vez, amigos.

Antes de comenzar la expedición, hemos organizado todo nuestro equipo, que es mucho. Hay que sobrevivir en condiciones extremas de forma autónoma y es muy importante equilibrar las cargas dentro de nuestros trineos: 30 litros de combustible, 60 kg de comida, mucha ropa, sacos de dormir muy gruesos, cacharros para cocinar, hornillos, mucho equipo electrónico para  rodar ‘Desafío Extremo’, más electrónica de equipos satélite y ordenador con un montón de baterías, colchonetas, una tienda de campaña para 4 personas, skis de travesía y muchas cosas más que no recuerdo.

Como os comenté, dos de los trineos serán diseñados por Ramón, él los denomina de “nuevo concepto” y cuando los miras parece que será imposible arrastrarlos, pero él tiene las ideas claras… Al verle la ropa, te preguntas si no habrá sido un error confiarle nuestras vidas. Lleva lo que nadie se pone ya, como forros polares de hace mil años o guantes de forro comprados en las tiendas de todo a cien de los chinos. Así es su material aunque, como él dice, en el Ártico lo más importante es el “concepto”. No sé qué me ha explicado, que es obligatorio usar bolsas de plástico entre el calcetín gordo y el fino para rescatar los calcetines gruesos del sudor. No me he enterado muy bien, pero supongo que tendrá una lógica ir con bolsas de la compra en los pies. Ramón es un “crack” y le hacemos caso en todo, aunque a veces, en petit comité, nos entra un atracón de risas con su “concepto”.

Hasta aquí todo parecía ir bien. Pero Ramón ha recibido una llamada de su amigo Rune Gjeldnes, quien ha conseguido los récords más destacados tanto en el Ártico como en el Antártico, según él “una bestia de dos patas”, y le ha contado que las condiciones en la base Borneo son terribles: vientos muy fuertes y una deriva espectacular. La deriva es la velocidad a la que se mueve toda la masa helada del casquete polar. Es decir, el Polo Norte es sólo un punto y no se mueve, pero la superficie que flota sobre él si lo hace, por lo tanto, si yo estoy parado sobre el Polo Norte y me quedo sentado, al cabo de unas horas me habré desplazado cierta distancia. Pues bien, esa distancia en este momento es increíble, Rune dice que es de ¡24 kilómetros! Según esta deriva si nos ponemos a caminar desde la estación flotante Borneo durante una jornada, se camina aproximadamente 15 kilómetros si las condiciones del hielo son las normales, en realidad habríamos retrocedido respecto al Polo Norte ¡nueve kilómetros! ¡Es una locura! La base flotante Borneo ha retrocedido 80 kilómetros en dirección sur desde que la instalaron hace unos días. Así, será totalmente imposible llegar al Polo Norte arrastrando los trineos, pues retrocederemos más de lo avanzado. Además, las temperaturas están cayendo en picado con mínimas de -44ºC y mucha humedad.

Son las peores noticias que podríamos recibir. Ramón nos comenta que es la primera vez que ve estas condiciones tan negativas en el ártico y que desde hace muy poco el Polo Norte está cambiando drásticamente: cada vez hay menos hielo, la deriva es brutal, y el viento ha aumentado a velocidades poco normales en estas latitudes. Además, los cielos trasparentes han desaparecido y han dado paso a cielos turbios con muchas nieblas, a pesar de que curiosamente las temperaturas ambientales se mantienen muy frías. Las corrientes marinas, en especial la del golfo, han subido la temperatura del mar de forma que está cambiando el Polo Norte. Incluso podría desaparecer en el verano del ártico hacia el año 2015.

Con todas estas noticias tengo instalado el miedo en el cuerpo, sobre todo al pensar que nunca he hecho nada parecido, mi trineo es un experimento que pesa 80 kg., cada vez hay más canales de agua con un fondo de mar ártico a mis pies de 4.000 metros de profundidad, miles de obstáculos en forma de montañitas de hasta 8 metros de altitud que tengo que ascender y descender con mi lastre de 80kg. En fin, creo que la aventura será extrema, con mayúsculas.

¡Estad atentos, os seguiré informando de la que supongo una de mis mejores aventuras!

Jesús Calleja desde el alto ártico

09/04/08

Longyearbyen (Svalbard) I

Hola amigos:

Os escribo desde un remoto lugar a tan solo 1.300 Km del Polo Norte, al que he llegado en un largo vuelo que comenzó en Madrid, luego Copenhague desde donde continué hasta Oslo y, finalmente, tras otro largo vuelo, aterricé en las islas Svalbard. Para que os hagáis una idea, está más cerca Oslo de África que de estas aisladas islas en mitad del océano ártico.

Además de las durísimas condiciones climáticas propias de la zona, hay que adaptarse a la larga noche polar. A causa de la elevada latitud, el sol desaparece del archipiélago en octubre y no vuelve a aparecer hasta marzo. Su llegada la celebran como la mayor de las fiestas hacia el 8 de ese mismo mes.

Aquí se fundó la ciudad de Longyearbyen, nombre que tengo un mes para aprender a pronunciar, en 1906. Es un lugar tan frío que el 60% de la superficie está cubierto de nieve y hielo, al menos durante 9 meses. Los osos polares duplican en número a los habitantes de estas islas y pueden llegar a ser muy peligrosos si tienen hambre. Como se han merendado a más de uno, es obligatorio llevar un rifle para salir del pueblo.

En las Svalbard, desde donde parten las expediciones al Polo Norte, el mar está congelado, un buen anuncio de lo que nos espera en el Polo.

Emilio Valdés, mi cámara y amigo, Ramón Larramendi, archiconocido en el mundo de las grandes travesías Árticas, una encantadora chica, aventurera sin límites, llamada María March, y el que os escribe, partimos mañana en un avión ruso hacia una base flotante instalada sobre un témpano a la deriva en la que, durante dos meses al año, construyen un aeropuerto sobre el hielo. Allí aterrizaremos.

Desde aquí comenzará nuestra travesía. Con temperaturas de hasta -40ºC y vientos que en ocasiones pueden soplar cercanos a los 100 kilómetros por hora, tendremos que salvar innumerables obstáculos, especialmente los canales de agua que cada vez son más frecuentes y montículos de hasta 8 metros de altura que será un pesadilla sobrepasar con trineos que pesan unos 80 kilos y que arrastraremos hasta alcanzar el Polo Norte. Durante el viaje, haremos experimentos y probaremos varios equipos inventados por Ramón Larramendi para poder viajar más rápido hacia el Polo Norte. En la actualidad,  los canales de agua son cada vez más numerosos por el cambio climático, hay que rodearlos y las distancias son tan largas que se necesita más de un día. Pero, con los inventos de Ramón, las acortaremos: nuestros trineos se pueden convertir en un pequeño catamarán.

También Emilio experimentará diferentes técnicas y equipos para poder grabar en condiciones de frío límites, donde la electrónica se niega a trabajar.

Otra de las cosas que queremos hacer es acampar en el Polo Norte y observar qué tipo de personas llegan hasta aquí en el año Polar Internacional. Les haremos entrevistas y cambiaremos puntos de vista sobre el cambio climático.

En definitiva, será una experiencia increíble, llena de dureza, peligros y adrenalina, pero que nos servirá para aprender como moverse y sobrevivir en zonas árticas y así hacer en el futuro nuevas y emocionantes expediciones por lugares de similares características.

¡Continuad atentos porque os seguiré informando!

Jesús Calleja.

04/04/08

Desafío en el Polo Norte

Hola amigos. Estoy en Longyearbyen, el núcleo urbano más cercano al Polo Norte Geográfico, mi próximo objetivo. Es una población situada en las islas Svalbard, de soberanía noruega. Desde aquí sólo hay 1.300 kilómetros hasta ese lugar simbólico, que en realidad es un punto abstracto definido por las coordenadas 90ª:00.

Pero antes de iniciar la expedición propiamente dicha, tenemos que acabar de preparar los víveres, ropa y utillaje y meterlo todo en la canoa-trineo que voy a arrastrar durante diez días, que serán interminables, me temo. Las canoas están especialmente diseñadas por Ramón Larramendi, experto en los polos, que nos acompaña en este Desafío Extremo. También se va a incorporar una exploradora, María, de apariencia frágil, pero con una experiencia en montaña y expediciones polares sorprendente. ¡Espero que aguante bien la paliza que nos vamos a dar y que nos sobreviva a nosotros!. Por supuesto, voy con mi inseparable cámara y amigo Emilio Valdés. El pobre, además de grabar, tendrá que arrastrar su propio trineo. Tiene un oficio duro, el tío.

Desde esta ciudad de nombre impronunciable, saldremos en una avioneta hacia la base polar rusa llamada Borneo. Es un campamento que instalan en cada estación durante dos meses, en el tiempo en el que todavía hay hielo forme, suficiente para los aterrizajes, pero las temperaturas son más templadas y la vida allí no es un completo infierno. Desde Borneo iremos a pie, arrastrando los trineos, hasta nuestra meta, el Polo Norte. Pero esa historia ya os la iré contando. ¡Estad atentos!

Jesús Calleja

Prisacom S.A. - Ribera del Sena S/N - Edificio APOT - Madrid [España]