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Pueblos Negros

6 entradas en la categoría "Sudáfrica"

21/07/08

Inmersión sin jaula y otras emociones (II)

Decido tirarme, creo que yo también he entrado en ese frenesí de la sinrazón, a los pocos minutos estoy listo. Todos estamos preparados, con  las pértigas de defensa, las cámaras de vídeo, y todo lo necesario. Sobre todo focos para iluminar, pues no se ve casi nada. Uno, dos, tres… ya estamos en el agua. Me atenazan los nervios, no me acuerdo del protocolo. ¿Qué había que hacer, abrir la válvula del traje seco, o cerrarla? Ah, sí: ya me acuerdo, abrirla, y bajar muy deprisa por el cabo del ancla, que en superficie es donde atacan… ¿Dónde atacan?

Me entra el pánico, pienso que en cualquier momento aparecerá desde el fondo y me morderá.

Empiezo a actuar sobre mi chaleco de flotabilidad, abro la válvula del traje, y empiezo a descender, menos mal que tengo siempre a mi lado a Karlos, Oscar y Maria, mientras JP va delante oteando, al menos pienso que se comerían a él primero antes que a mí. “Qué consuelo mas estúpido”, me digo a mí mismo.

Calleja2 Seguimos el descenso, sin apenas visibilidad, todo son partículas verdes de plancton alrededor, y los rayos del sol entran haciendo unas formas muy curiosas. Al reflejarse en el plancton son como rayos que empiezan de color verde y hacia al fondo ya son negros.

Seguimos el descenso, quiero llegar al fondo lo más rápido posible, dicen que allí es donde no suelen atacar, pues lo hace de abajo arriba. Increíble, veo el fondo, cuando casi me estrello con él al descender deprisa. ¡No hay a penas visibilidad! El tiburón puede estar al lado nuestro y no lo veríamos. Comenzamos a bucear en círculo para protegernos. JP toma la delantera y se mueve ahora muy despacio y avanzamos hacia el cebo de pescado y sangre.

Una vez localizado, vemos decenas y decenas de langostas alrededor del cebo comiendo lo que sale, son muy carroñeras y se están dando el festín. Pronto vemos a un tiburón gato, y los curiosos tiburones pequeñitos que se enroscan, también hay avalons, es lo único que podemos distinguir en esas aguas verdes.

Todos nos vigilamos unos a otros, y casi no avanzamos para no perder la referencia del ancla. Pero yo me pregunto qué pasa de todo el protocolo de actuación que teníamos, nos lo hemos saltado entero. ¡Estamos sin ninguna protección de seguridad en aguas abiertas, pero sin a penas visibilidad, y al lado del cebo! ¡Qué pedazo de locura!

Creo que todos nos damos cuenta de la insensatez que estamos cometiendo, aunque no podamos comunicarnos debajo del agua, aunque JP, el más experto en tiburones de todos nosotros, nos hace la seña de subir, de subir inmediatamente, es absurdo estar expuestos a este tremendo peligro. Los tiburones blancos pueden estar muy, pero muy cerca de nosotros y no les estamos viendo, y eso es un peligro mortal. No hacen falta demasiadas señas, todos damos el OK, y para arriba.

Es el momento más arriesgado, puede venir el jaretón de abajo a arriba en cualquier momento, y sobre todo en superficie es el momento crítico, por lo que decidimos subir de uno a uno. Mientras subimos, vamos aflojando todos los “clips” del equipo y los soltamos inmediatamente en superficie, para saltar al barco lo más rápido posible, y que los de arriba nos ayuden.

Deciden que sea yo el primero en ascender. Tengo que hacer la maniobra solo y a mucha velocidad, no haremos parada de seguridad. Asciendo como un cohete con el miedo metido hasta el último poro de mi cuerpo, llego a superficie, y suelto los “clips”. Emilio y el señor del barco me ayudan, y prácticamente me sacan en volandas del agua. Ya estoy en el barco. Doy gracias por estar vivo, pero quedan mis compañeros que van saliendo uno a uno. Ya estamos todos. Nos miramos y adivino que estamos felices de estar enteros, después de bucear en estas terribles aguas de a penas visibilidad, aunque adivino que hay frustración de no haber tenido suerte con el último día, y con la última oportunidad de ver al tiburón cara a cara y sin protección de la jaula. Pero las condiciones eran nefastas y muy peligrosas, fuera de los mínimos rangos de seguridad. Os recuerdo que casi nadie ha hecho esto, y nosotros lo hemos intentado en las peores condiciones posibles. Karlos, Oscar, y María tienen una determinación encomiable, y conocen perfectamente el riesgo que hemos tomado.

Yo soy más bien un inconsciente, que me puede, cuando se trata de un reto con mucha adrenalina, aunque me he dado cuenta cómo hemos tentado a la suerte.

Pero estamos todos bien, ha sido una experiencia increíble, y allí mismo en la pequeña embarcación nos prometemos que lo intentaremos de nuevo juntos, posiblemente en otra parte del planeta. Queremos ver de cerca al tiburón blanco sin jaula. Seguramente él nos ha visto. Al menos lo hemos hecho: nos hemos sumergido en las frías y oscuras aguas, sin a penas visibilidad, sin jaula, y en busca del gran tiburón blanco.

Tengo que quemar toda la adrenalina que tengo acumulada, y se me ocurre una buena idea: de regreso al aeropuerto hemos quedado con unos tipos que tienen montado un tinglado en Sudáfrica muy curioso: un angar en el aeropuerto con unos aviones de combate que han reconstruido y preparado para poder volarlos. He aceptado el reto de volar en el caza de combate  más rápido y radical de toda su colección.

Llegamos de nuevo a Ciudad del Cabo, y nos dirigimos a un lugar llamado Thunder City. Me encuentro con estos sudafricanos que tienen una auténtica locura por la velocidad y las acrobacias. Son expertos pilotos de combate, y han preparado los aviones para llevarlos al límite. Les cuento que vengo desde España y trabajo en un programa de televisión en el que hacemos desafíos por todo el mundo, y que he decidido probar el suyo. Se echan unas risas porque me ven pequeño y muy decidido, por lo que me dicen que si quiero emociones fuertes, las tendré en el avión English Electric Lightning, traducido algo así como el “rayo eléctrico”.

Calleja3 Pero además me sorprenden diciendo que si tengo lo que hay que tener que no utilizaremos el traje “anti-G”, un sistema que te protege de las brutales aceleraciones y que se acoplan todos, los pilotos de combate para poder soportar las fuerzas de gravedad que se multiplican exponencialmente a medida que las maniobras son más bruscas. Yo una vez más inconsciente de mí digo que acepto el reto.

Me dan varias charlas de seguridad, sobre todo si hay que hacer uso del asiento eyectable, algo que me pone los pelos de punta, sólo de pensar que debajo de mi culo llevaré literalmente un cohete.

Por fin conozco a Mike, el que será mi piloto y además dueño del tinglado. Es un tipo curioso al que todo el mundo respeta pues su currículum es increíble, charlamos un buen rato y me dice que muchos artistas americanos han venido a probar estas sensaciones, y lo normal, me enseña un vídeo para que lo vea, es que la gente pierda el conocimiento y vomite si se vuela sin el traje anti-G, pero que ahí esta el más difícil todavía.

Llega el momento de dirigirme al avión, y me impacta el “pedazo de pepino” con dos motores de este caza ingles que ha batido en su época todas las marcas conocidas de velocidad y aceleración, incluso puede alcanzar casi tres veces la barrera del sonido, y acelerar en vertical a 55.000 pies minuto. ¡Una salvajada!

Me instalan en el asiento eyector, me explican los últimos protocolos, cierran la cabina, y rodamos a cabecera de pista. Según acelera ya me doy cuenta en qué bestia estoy metido, pero la sorpresa viene cuando tira de la palanca y asciende en vertical a toda potencia, volamos con una aceleración de 55.000 pies minuto, ¡sin traje anti-G!, y el cerebro literalmente se me va para atrás. “No lo puedo soportar”, me digo. “Mike está esperando que le mande parar, pero antes muerto que tirar la toalla”.

Sigo aguantando la aceleración. Ahora mi cuerpo por las fuerzas “G”, pesa unos 400 kilogramos. No me puedo mover, ascendemos sin parar, el cacharro puede sobre pasar los 20.000 metros de altura. ¿Cuándo terminará el ascenso? Estoy al límite.

El avión llega a un punto en el ascenso vertical en el que el experto piloto para los motores, el avión empieza a retorcerse y caemos dando vueltas para todas partes. Parece que vamos sin control y nos vamos a estrellar, pero no son más que las tretas de Mike. Imaginaros una lavadora en el programa de centrifugado, pero a toda velocidad, pues ahí estoy metido.

Cuando parece que nos aplastaremos contra el suelo, acelera de nuevo y empieza a hacer toneles, giros, vueltas de 360º, en fin una locura detrás de otra. Me pongo amarillo, luego observo en las pantallas de las dos cámaras de grabación que tengo en la cabina que no tengo sangre en la cabeza que se ha ido a los pies y no es broma, estoy de color azul. En un momento determinado empiezo a darme cuanta que me voy a desmayar, recuerdo lo que me decía: que me desmayaré, y me fastidia que va a tener razón.

Creo haberme desmayado al menos tres veces, pero dos o tres segundos, justo cuando los “G”, son tan brutales que nada se puede hacer y te desmayas. A pesar de todo estoy disfrutando, aunque al límite de lo soportable, pero el listón del sufrimiento lo pongo yo, solo tengo que decirle que afloje, pero no lo hago, y soporto lo indescriptible. Menos mal que llega el momento de aterrizar.

Calleja4 Tomamos tierra sin problemas, Mike que es muy parco en palabras me dice “tipo duro”, he soportado todas sus torturas sin  protestar, me ha llevado al límite de lo soportable sin la protección de un traje anti-G. Os aseguro que cuando veáis las imágenes vais a alucinar, porque yo las vi al descender del avión, y me cambió el “careto” varias veces por las brutales fuerzas de aceleración. Se ve claramente los micro-desmayos. Lo veréis muy pronto en los nuevos capítulos de Desafío Extremo.

Bueno amigos, me toca regresar, han sido increíbles las experiencias en Sudáfrica, yo diría que diferentes a todo lo que he hecho hasta ahora, pero muy pronto estaré metido en otros líos, serán algunos en España, y el próximo septiembre viajaré a Nepal para escalar la quinta montaña mas alta del mundo: el Makalu.

Jesús Calleja desde Sudáfrica, un lugar perfecto para aventuras extremas.

Inmersión sin jaula y otras emociones (I)

Hola amigos, ha llegado el día de la inmersión sin jaula. Me levanto pronto, pues he pasado muchos nervios sólo de pensarlo. Pero estoy mentalizado, aunque hasta el último minuto no sé si me tirare de la barca.

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Aunque tenemos verdaderamente una contrariedad, porque la zona que habíamos solicitado para la inmersión sin jaula es donde estos días hemos visto al tiburón blanco, es sin duda el lugar donde más habitan. Pero las fuertes tormentas que nos han azotado han hecho que no pudiéramos bucear sin la jaula en los dos días que teníamos autorizados, y el Gobierno de Sudáfrica es muy estricto con los permisos, habiendo pedido un aplazamiento, del que llevamos esperando hasta hoy, sin ninguna noticia positiva. Definitivamente no podemos bucear en esta zona, y a 60 kilómetros alrededor tampoco, por lo que JP nos localiza otra zona especialmente prolífera en tiburones blancos.

Nos dirigimos a este lugar llamado ‘Hermanus’, un pintoresco pueblo, con un puerto pesquero pequeñito al estilo de los del Cantábrico, donde existen dos centros que se dedican a trabajos submarinos. En este lugar nos alquilan las botellas de aire, y les contamos que queremos bucear en un lugar cercano a la costa sin jaula para filmar cara a cara los tiburones blancos. La respuesta que nos da el director de este centro, es que si estamos locos, que es una inconsciencia, y que hace muy poco un tiburón blanco atacó a un buceador dejándolo gravemente herido, y otro desaparecido por el mismo motivo. La causa es que allí viven focas, y este es el alimento del tiburón blanco. Cuando le contamos nuestro plan se echa las manos a la cabeza.

Alquilamos una barca que luego se dirigirá a aguas más abiertas, y tirará el cebo en forma de sangre y pescados hacia el fondo del mar en un bidón agujereado. Después nosotros saltaremos de la barca en la zona del Kelp, llegaremos al fondo a unos 16 metros de profundidad, pues el Kelp nos protege del tiburón blanco al ser un bosque de algas no entra para no enredarse, luego nadaremos por el fondo en busca de ese cebo, y esperamos hasta encontrarnos con los tiburones cara a cara, siempre y cuando aparezcan. Será algo agónico, adrenalítico, y muy peligroso.

El tiburón blanco no tiene miedo a nadie, pues carece de depredador, y tenemos que vigilarnos las espaldas unos a otros para controlar al tiburón con la mirada y unas pértigas de dos metros para espantarlo, aunque cuando abra la boca y nos saque ese lío de dientes gigantes, a ver qué cuerpo se nos queda ahí abajo. Estaremos Karlos, María, Oscar, JP, y yo. Dependemos de nosotros mismos, y no habrá más ayuda que la nuestra y la de la barca que estará encima con un médico y todo lo necesario para suturar un hipotético ataque. No es una broma ni una exageración, es vital llevar un doctor experto en ataques de tiburones, el nuestro es un médico que ha estado en la guerra de Irak, y entiende mucho de heridas feas y profundas,  lleva todo lo necesario, incluida sangre por si somos atacados, pues el riesgo es muy elevado, él nos puede salvar la vida si esto se produce.

También es muy importante no salir nunca a la superficie si no estamos dentro de la protección del bosque de algas, pues el ataque preferido del tiburón blanco, se produce en superficie, por sorpresa y a gran velocidad de forma vertical desde el fondo a superficie, que es donde se encuentran las focas. Así es exactamente como nos atacaría casi con seguridad si aleteamos, agitamos y nos movemos nadando a superficie en la zona cebada por el pescado y la sangre.

Será una estrategia difícil y muy arriesgada en la que no puede fallar nada.

Sin más demora partimos al punto elegido frente a la costa. JP prepara el cebo a base de hígados, pescado y sangre, lo mete en un bidón agujereado, y lo tira al fondo. Es momento de espera en un mar inusualmente calmado, pero con un tremendo inconveniente que nos hace pensar mucho nuestra inmersión. El agua esta prácticamente verde, por la gran cantidad de plancton en suspensión provocado por las fuertes tormentas de los días pasados. ¡Solo tenemos tres metros de visibilidad!

Estas son las peores condiciones posibles, es de lo que siempre hemos hablado, sobre todo los expertos buzos, que no se puede intentar una inmersión sin jaula sin el mínimo de seguridad, pues el tiburón tampoco ve bien, y al notar vibraciones o la presencia cercana de algo, decide atacar, pues es la mejor defensa, y lo hace por sorpresa. Nosotros tenemos que estar alerta para mirarle a los ojos y colocar nuestras pértigas de defensa delante para que su morro choque contra el palo y no ataque. Pero para ello es necesario verlo, y hoy es imposible.

Se adueña de nosotros la incertidumbre y el pesimismo, pues es  nuestra última oportunidad, ya no hay mas días.

Esperamos en la barca a que el cebo surta su efecto, pero no podemos ver si el tiburón está o no ya en los alrededores, pues la visibilidad es tan mala que no vemos qué pasa hacia abajo. Hay que decidir qué hacemos. La lógica es la retirada, y más cuando estamos en el mismo lugar donde ya ha desaparecido un buzo atacado por el gran tiburón blanco, y cebado con sangre y pescado para atraerlos, pero ¡no sabemos si están, pues no les vemos!

Es terrible la situación, y la tensión generada. Hablamos de marcharnos y terminar con esta locura, pero en el último momento decidimos que nos sumergiremos en estas aguas verdes, y sin visibilidad. Lo haremos allí mismo, sin buscar la protección del bosque de algas de Kelp, pues al no ver nada nos resultaría muy difícil encontrar el punto donde tenemos el cebo. La cosa se está complicando mucho, y mi primera pregunta a mis compañeros: ¿Qué pasa con el mínimo de seguridad de los ocho metros?, ¿y lo de bajar al fondo metidos en el bosque de algas de Kelp?

Las repuestas son un silencio, pues no hay respuesta coherente, la decisión está tomada y sin mirarme, cada uno se prepara con todos los pertrechos de un submarinista, con la clara intención de que se van a tirar de la barca. No me queda alternativa: o me quedo, y tendré que aguantar luego “la coña” de mi “acojono”, o me tiro con ellos.

16/07/08

Tregua con el tiempo y ¡tiburones blancos! (2ª parte)

Sólo pensar que está en peligro de extinción debido a la pesca indiscriminada, otra vez para alimentar a las zonas asiáticas, especialmente Japón y China, donde comen su aleta, que dicen que goza de poderes afrodisíacos, me parece una solemne  estupidez del género humano. ¡Cuarenta millones de existencia y perfección para desaparecer en treinta años de humanos trasteando por los mares!

Estoy dentro de la jaula, embobado por este ser descendiente del Megalodón, que llegó a medir cinco veces más. Se mueve con destreza, sutil, suave, siempre regresa después de localizar el cebo y lo termina atacando, no sin antes medir todos los peligros. Es un tiburón que piensa y diseña, sobre la marcha, continuas estrategias de ataque. Es el único que mira con el ojo fuera del agua para observar el entorno.

Ha sido una de las emociones más fuertes que he tenido recientemente: mirar cara a cara a uno de los grandes tiburones blancos. Salgo de la jaula como si regresara de otro universo, el de las bestias. Ahora, lo primero que me viene a la cabeza es cómo mis amigos, Karlos, Óscar, y María pretenden bucear fuera de la jaula. Pienso honestamente que no están bien de la cabeza.

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Al día siguiente volvemos a embarcarnos con el Capitán Roonie, un tipo muy simpático, alto y huesudo, que parece salido de una novela de Charles Dickens. Esperamos tener al menos la suerte de ayer, y con ese ánimo nos dirigimos al mismo lugar, cerca de las islas Dyar, el paraíso de los tiburones. No tenemos permiso, por lo que de nuevo nos meteremos en jaula. Hoy da mucha rabia porque el agua ya tiene la visibilidad que necesitamos para salir. Pero nadie se la juega porque pueden perder mucho. Así que decidimos seguir conociendo a estos escualos desde la protección de los barrotes.

Llegamos al lugar elegido y a los tres minutos de echar el cebo, aparece otro tremendo ejemplar gigantesco, que fotografiamos en unas aguas esta vez más claras. La silueta del escualo se perfila en el agua amenazadora, se mueve a su antojo sin miedo a nada ni a nadie, luego llegan dos más: ahora nos rodean tres grandes tiburones blancos, es una imagen espectacular. Pienso “por dios que no me caiga ahora con tanta camarita que llevo en mano, filmándolo todo, que ya me he dado dos resbalones…”

Echamos una cuerda con una boya y cebo en la punta, y de inmediato se lanzan a por ella. Óscar filma desde la jaula, María saca fotos también desde la jaula, Karlos filma desde la proa con otra cámara atada a una pértiga submarina, Emilio filma desde el barco, al igual que yo, que me muevo tanto dentro de la jaula como fuera en busca de las mayores sensaciones. Es absolutamente espeluznante ver como muerde el cebo, y no suelta por nada. El marinero tira con fuerza de la soga y el tiburón la quiere entera para el. Es una verdadera bestia que lo puede todo. Hoy llegan más tiburones que ayer, el agua esta más transparente y deciden atacar al cebo continuamente. Nos estamos poniendo las botas a imágenes espectaculares, que no tienen desperdicio. Espero que disfrutéis como lo hemos hecho nosotros. En ocasiones sale del agua enganchado al cebo, hasta la misma barandilla del barco. He tratado de tocarle el morro, pero cuando lo ves tan cerca la mano no obedece y se retira, por mucho que le digas lo contrario.

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Amigos, es brutal, absolutamente brutal. Hoy el día mejor que ayer, incluyendo una vuelta sobre las islas Dyers, donde viven 6000 leones marinos, que son el alimento favorito de estos tiburones blancos. Incluso tratamos de cerrar un día fantástico con la foto soñada, la del tiburón saltando por encima del agua. La consiguen muy de vez en cuando, arrastrando a poco gas una silueta con la foca de plástico atada a un cabo. Como está en movimiento, en ocasiones los tiburones la confunden con una foca real y salen disparados a comerla. Con tanto impuso que salen del agua, a veces con el cuerpo entero. Ahora nos queda resolver el gran dilema: ¿podremos bucear en aguas abiertas, sin jaula de protección, y cebando el entorno con sangre y pescado para atraer a este perfecto depredador llamado tiburón blanco? Ésta es la razón principal de este desafío, pero me cuesta imaginarme ahí fuera, la verdad.

Hemos decidido alquilar una barca neumática y dirigirnos a un lugar que conocemos en el que abunda el tiburón blanco, donde además hay Kelp, algas gigantes en las que no se atreve a meterse el gran tiburón blanco porque se enreda en este laberinto de algas.

Nuestra estrategia es tirarnos encima de estas algas, nos tiraremos, y nos iremos al fondo. Sí: habéis oído bien. Yo he decidido que también lo haré. Yo sinceramente, amigos, no sé si seré capaz de lanzarme mañana a las aguas oscuras y frías en busca del mayor de todos los depredadores para mirarle a la cara en su territorio. Sé que es una locura en mayúsculas, pero me puede la curiosidad, el riesgo, la adrenalina, y yo que sé qué más. Repito que no os prometo nada, pero lo intentaré, gracias a la ayuda de mis amigos, con los que me siento arropado de alguna manera. Pienso que, como soy muy delgado y tengo poca carne, les interesara otro antes que yo por la cuenta que me tiene.

Amigos estoy “cagadito de miedo”, se acerca el día, y espero poder contároslo con mis brazos y piernas enteros. Estad atentos, va a ser indescriptible.

Nos vemos amigos, ¡espero!

Jesús Calleja desde Sudáfrica a punto de vivir la experiencia más espeluznante de mi vida

15/07/08

Tregua con el tiempo y ¡tiburones blancos! (1ª parte)

Hola amigos, de nuevo a las teclas del ordenador con mucha excitación.
Desde la ultima crónica el tiempo ha continuado siendo horrible; vendaval con aguacero, olas gigantes e incluso dos trombas de agua (tornados en el mar), que vemos desde la casa que tenemos alquilada a sólo diez metros la costa, se pisan unos a otros. El pesimismo nos hunde, no vemos ningún cambio y nos parece imposible que la cosa mejore. Empezamos a asumir que regresaremos a España sin ver el gran tiburón blanco. Pero todo tiene su momento.

El 9 de julio empieza a despejar y el día 10 las olas parecen haber rebajado su furia, como para no pensárnoslo dos veces. Llamamos a JP y nos comenta que no es razonable salir en nuestros barcos, pero que hay un capitán que no perdona y que saldrá con turistas. Hartos de estar en tierra, nos subimos para tener el primer contacto con el blanco. Nos dan una buena charla sobre seguridad a bordo, también nos explican la historia y características del tiburón blanco y nos instalan los chalecos salvavidas. Somos 14 en el barco más grande de esta localidad, que se dedica casi en exclusiva a enseñar el tiburón blanco. Partimos con un oleaje fuerte y la mitad de los pasajeros se marea a las primeras de cambio. A medida que nos adentramos, las olas son más altas. Los barcos van aquí a una velocidad  asombrosa y los pantanazos son de órdago.

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Pero lo peor llega cuando fondean la embarcación y apagan los motores. Nos movemos de lado a lado como peonzas y no podemos dejar de sujetarnos con fuerza. Lo primero que hacen es cebar el agua con una sopa de pescados, vísceras y otras “delicias olorosas”, para atraer al tiburón blanco. En poco más de diez minutos acuden algunos ejemplares de unos tres metros, que sólo verlos es espeluznante. Los vemos mal, porque el agua está removida y hay una pésima visibilidad. Imposible intentar una inmersión ese día. Lo único que vemos son hombres y mujeres asomados a la borda echando el desayuno. ¡Y han pagado un dineral! Parece mentira que el capitán salga a pesar de todo.  El barco regresa a puerto con las caras descompuestas de más de la mitad de los turistas. Todo el mundo quiere regresar a puerto. Emilio y yo hemos pasado la primera prueba sin marearnos, aunque no se puede cantar victoria. Hoy hemos visto, aunque sea desde el barco y en malas condiciones, a los tiburones blancos por primea vez, y ha sido brutal.

Al llegar a puerto decidimos que mañana emplearemos por primera vez nuestro barco. Será sólo para nosotros; Karlos, Óscar, María, Emilio y yo. Pero existe un problema con el que no habíamos contado. Los días que teníamos reservados para bucear fuera de la jaula con los tiburones blancos han expirado. Ahora  no tenemos permisos y eso, aquí en Sudáfrica, es sagrado. Se conceden muy pocos, por el altísimo riesgo que entraña, y además quieren que nadie bucee a 60 kilómetros alrededor para que no expolien una concha llamada “abalon”, que es una exquisitez en los mercados asiáticos por su sabor y porque, estúpidamente, dicen que posee  propiedades afrodisíacas. En pocos años han esquilmados estos moluscos con pesca ilegal. Las patrulleras están cerca vigilándolo todo.

Es realmente un gran problema. Absurdo, porque es burocrático, pero insalvable. De momento, salimos rumbo a unas islas cercanas, las Dyer, donde hay una enorme colonia de leones marinos, que es la principal comida del gran tiburón blanco. Fondeamos y echamos el cebo, de pescados, sangre, etc. De la nada aparece, sin que hayamos apagado los motores, una hembra inmensa, de más de cuatro metros. Rápidamente echamos la jaula, la atamos bien al barco, porque las olas la zarandean y golpean continuamente contra el casco del barco. Una vez afianzada y en mitad de un vaivén que tumba al más experto, nos metemos Óscar y yo en esta jaula. Vestimos trajes secos y respiramos con dos reguladores de aire conectados a una botella. Cierran la jaula por arriba y quedamos herméticamente atrapados. No sería la primera vez que un tiburón salta por encima y se cuela dentro. ¿Os imagináis el papelón? Es agobiante y claustrofóbico, y el fuerte oleaje te golpea sin piedad contra los barrotes.

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Al minuto aparece el “monstruo” de más de cuatro metros y unos 2000 kg de peso. Parece irreal, es impresionante verle de cerca, en el mar. Es un ser que ha dejado hace mucho tiempo de evolucionar, a pesar de llevar en la tierra algo más de cuarenta millones de años, porque es simplemente perfecto. Es el mejor de los depredadores. El más letal y eficaz. Se pasea delante de la jaula ante mis ojos desorbitados, y parece que no tiene fin. Se gira lentamente, se vuelve hacia la jaula hasta casi tocarla y me mira con su ojo de color azul. Me observa, se para y me dice que se detendrá todo el tiempo que quiera porque es el dueño y señor de esas aguas y yo no soy nadie. No tiene miedo a nada y menos a un tipo que pesa apenas 60 Kg. Creo entender el mensaje: no salgas de esa jaula o serás hoy mi merienda. Está excitado por la sopa de pescados con la que hemos atraído a los escualos. Abre la boca para morder un trozo de pescado que tenemos atado a una fuerte cuerda y de sus fauces sale “un lío de dientes”, que me deja perplejo. Es una bestialidad. Veo sus dientes, y la fila de otros dientes idénticos que tiene en el interior, que pasan a sustituir a los primeros si sufren algún percance. ¡El animal tiene hasta siete filas de dientes!

10/07/08

Tiburones blancos (II)

Desafio5 Al día siguiente de mi primera experiencia con tiburones en cautividad hemos viajado a una localidad llamada Ciudad de Simon, donde hemos alquilado una casa junto al mar. Desde aquí haremos salidas en barcos a diferentes localizaciones para bucear con otros tiburones antes de enfrentarnos al gran blanco. Haremos diferentes inmersiones para ir cogiendo confianza con estas bestias depredadoras.

Tengo la grandísima suerte de estar junto a este equipo, que son como máquinas. A Karlos Simón le he rebautizado como Geiper man, pues tiene un cuerpazo como una mula. De su bíceps saldría un cuerpo completo mío. A Oscar también le rebauticé con el nombre de Hidro man, por esa pedazo de calvicie que él se encarga de pelar a maquinilla de afeitar, y como ya es por naturaleza de formas redondeadas, le va ni que al "pelo" este nuevo nombre. A María la llamo Cool Woman, porque ya la vimos en el Polo Norte, la "tía" nunca tiene frío: a pesar de ser pequeña es matona.

Me siento protegido con mis súper héroes Geiper man, Hidro man, y Cool Woman. Sin ellos a mí ni de lejos se me ocurriría meterme en esta agua siniestras.

Desafio4 Hoy por la mañana nos hemos llevado un chasco al mirar por la venta y descubrir un día de perros, lloviendo, con vientos muy fuertes y mala mar. Amén del frío que hace, porque aquí es pleno invierno. Lo primero que hemos hecho es consultar en Internet la predicción meteorológica, y para más desgracias, <b>la cosa del mal tiempo no ha hecho más que empezar. Durará al menos casi una semana</b>. Se ha metido una borrasca procedente de la Antártida con vientos de 65 kilómetros hora, olas de 6 metros, lluvias intensas, aviso de inundaciones en tierra, y mar arbolada y de fondo. Vamos, que ideal de la muerte para bucear, y sobre todo para buscar tiburones.

Me sentí aliviado pues pensé que no haríamos nada con este día, pero los súper héroes decidieron que bucearíamos a pesar de todo, y ni cortos ni perezosos se pusieron en marcha.

Primero al club de buceo, después cogimos la barca de goma alquilada con un tipo que la maneja, que es igual que un tiburón martillo de aspecto, y nos fuimos a una pequeña cala, donde soltamos el barco, y nos pusimos a navegar en un mar horrible. Me tomé dos biodraminas para no echar "la pela", y pobre de Emilio que se quedará esperándonos en la barca con olas enormes que pasan a veces de lado a lado de la barca.

Desafio1 Emilio sí que es un héroe. Imaginaros el panorama que tenía por delante: la barca moviéndose enloquecida, las olas gigantes por todas partes, el mar negro, casi sin visibilidad, el agua muy fría, y debajo tiburones, aunque no el blanco. Con esas condiciones nos pusimos nuestros equipos, que para estos climas fríos son trajes estancos. No les entra el agua, aunque son un poco más complicados de utilizar. En realidad a mí me sobran tubos por todas partes, y los nervios me hacen cometer errores de protocolo. Sin más, hacen una cuenta atrás y a la de tres ya estoy en el mar batiéndome como un corcho flotando en grandes olas. Menos mal que Karlos Simón se hace cargo de mí y no me deja ni un momento.

Empezamos el descenso con fuertes corrientes que nos arrastran sin poder hacer nada. El capitán del barco tiene que estar atento de dónde salimos pues podemos terminar saliendo muy lejos. Continuamos descendiendo hasta los 15 metros, y descubrimos un bosque enorme de algas de 15 metros de altura que crecen hasta 15 cm. diarios. Se llama algo así como 'Kel'. Buceamos entre este bosque en el que te enredas continuamente, y pronto aparecen pequeños tiburones. Incluso me atrevo a tocar uno de ellos. Después aparece el tiburón gato, también le llegué a tocar, aunque con mucho recelo. Luego apareció un tiburón vaca, y unos enormes peces que nos seguían a todas partes. Lo mejor, los leones marinos. Vinieron unos cuantos y nos daban pasadas casi rozándonos. Lo hacen para que juegues con ellos, son muy curiosos. Lo peor de todo, la escasa visibilidad, que ponía los pelos de punta, pues daba la sensación que en cualquier momento aparecería un tiburón de grandes proporciones, y posiblemente a mí me diera un infarto.

Desafio2 Da verdadero miedo estar sumergido en esas oscuras aguas donde existen escualos tan grandes, que pueden aparecer en cualquier momento de improvisto. Por suerte salimos a los 45 minutos sin novedades, aunque yo algo mareado por el embravecido mar. Casi sin descanso cambiamos las botellas y una nueva inmersión de 45 minutos. Vimos más o menos lo mismo, pero no llegó a parecer en ningún momento ningún tiburón grande. No ha sido un buen día, pero esta aventura está empezando..

Todos los días bucearemos, cada vez más complicado, y cada vez intentaremos localizar tiburones más grandes, hasta preparar la estrategia para que los súper héroes buceen sin protección de la jaula de seguridad y cebando el entorno con pescado y sangre. Yo estaré en la jaula de protección, pero aún así son 6 metros de tiburón con una boca en la que entro entero de un solo bocado, y que si le da por saltar para cazar focas o leones marinos, puede colarse dentro de la jaula abierta por arriba, como ya ha pasado en alguna ocasión. Sólo, y digo sólo si se dan unas condiciones perfectas y puedo medir bien el riesgo, y no están demasiado excitados podré intentar salir de esa jaula, pero no prometo nada.

Desafio3_2 Ésta vez sí que será muy complicado conseguir el reto, de hecho ningún español y muy pocos en el mundo lo han hecho, estando la sangre y el pescado junto a nosotros. Antes iré paso a paso buceando con tiburones de menor tamaño, aunque potencialmente peligrosos. Como me cuenta Karlos Simón, él se ha encontrado carne humana en algún estómago de tiburón Vaca.

Mañana revisaremos otra vez el tiempo para calcular el día propicio para los grandes tiburones blancos. Aunque seguro que habrá inmersión de nuevo, pues estos tipos son muy duros y parece que no va con ellos lo de la meteorología adversa. Amigos viviré unas semanas de alta tensión y os lo iré contando. ¡Estad atentos!. Sólo pido que no me empiecen a decir después de este Desafío: "tronco, que tal va esa vida".

Jesús Calleja desde los alrededores del Cabo de Buena Esperanza en la punta de África, a la espera de contactar con el Gran Tiburón Blanco

09/07/08

¡Tiburones blancos!

Jesus_calleja_en_ciudad_del_cabo Hola amigos,

A penas han transcurrido unos días desde que os escribí en Namibia, y ya estoy en otro país: Sudáfrica. A tan solo dos horas de avión, se aterriza en Ciudad del Cabo, una hermosa city llena de vida y color, a la vez que divertida. Son extrañas las sensaciones, pues es como si estuviera en cualquier ciudad Europea: limpieza, orden, etc. Pero os recuerdo que estoy en África y Ciudad del Cabo es una especie de oasis en mitad de un continente cargado de problemas. Aunque todo parezca perfecto, no es así. Los blancos, está claro, tienen un status diferentes a los negros. Los barrios marginales existen, en ellos viven mayoritariamente negros venidos de las aldeas en busca de una parte de esa buena vida que prometen estas ciudades diseñadas por los blancos y construidas por los negros. Bien es cierto que la democracia deja bien clara la igualdad, pero la realidad es que el equilibrio es frágil entre blancos y negros.

Yo he venido aquí por otros motivos. Mi siguiente Desafío, es intentar bucear con… ¡tiburones blancos! Jesus_calleja_buceando_con_tiburoneSí, habéis leído bien: esta vez no habrá montañas o travesías, mi objetivo está debajo del mar y me enfrentaré a una de mis peores pesadillas que se me manifiestan desde pequeño en los sueños, ver al todo poderoso y gigantesco tiburón blanco con especímenes que llegan a medir 6 metros.

Como es obvio, no vengo solo, sino que me acompaña como siempre Emilio mi cámara y mejor amigo, además de tres súper buzos: Karlos Simón, un español especializado en tiburones, Óscar, un experto en buceo técnico que ha sido campeón de España de fotografía y Maria March, que la conocéis del Polo Norte y que sin duda es de las pocas mujeres que hacen buceo de profundidad, sobrepasando los 100 metros. También nos ayuda en la organización un tal Jean-Pierre.

Karlos_simos_a_la_derecha_jesus_cal Pero hay más: por primera vez  unos españoles, es decir el equipo que aquí estamos, intentarán bucear con el gran tiburón blanco sin jaula, en mar abierto, y cebando antes la zona con pescado y sangre para excitar a los escualos. Yo en principio estaré en la protección de una jaula, aunque me están convenciendo para que yo también salga, pero eso es algo que dudo mucho, ya veremos.

Lo primero que han hecho es llevarme al aquarium de Ciudad del Cabo y adiestrarme para bucear con los tiburones toro. Nos hemos metido en la piscina con enormes peces y varios tiburones toro. Ellos, mis amigos los buzos, están acostumbrados, pero imaginaros a un tipo como yo, de tierra adentro, viendo a medio metro la boca de un pedazo de tiburón con los dientes retorcidos. Ha sido bestial, y casi me lo hago encima.

Por lo menos ya sé que dentro del agua son más grandes que desde los cristales, y que dan mucho más miedo, es más, pienso que han detectado mis nervios y eso les ha excitado, pues venían de frente como si supieran de mi pánico.Jesus_calleja_buceando_en_mar_abier

También hemos probado unas máscaras que se llaman de presión positiva, y sirven para poder hablarnos debajo del agua y con el barco cuando estemos buceando en mar abierto. Es un trasto de máscara, pero dispone de micrófono y auricular y os podré contar de primera mano mi experiencia en este complejo mundo de los tiburones en el programa que estamos rodando para la serie ‘Desafío Extremo’, cuyos nuevos capítulos se emitirán próximamente en Cuatro.

Seguiré más adelante. ¡Hasta Pronto!

Jesús Calleja

Sobre este blog

Jesús Calleja os acercará a través de este blog sus viajes, aventuras y anécdotas en su Desafío extremo por los cinco continentes

¿Quién es Jesús Calleja?

Nació en León y su profesión es la aventura. Ha viajado por todos los rincones del planeta. Practica el alpinismo y participa en los rallys más duros del mundo.

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