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30 diciembre 2009

Jon Sistiaga, Kukuxumusu y la camiseta de denuncia en Guantánamo

Kukuxumusu y Jon Sistiaga colaboran juntos en “SOS Justicia”, una camiseta especial en la que la Fábrica de Dibujos aporta dos ilustraciones y el reportero guipuzcoano deja una frase para la reflexión: “Denunciar las injusticias es la única manera de acabar con ellas”.


La camiseta tiene su origen en un reportaje televisivo del propio Sistiaga sobre las condiciones de los presos de la cárcel de Guantánamo. El periodista, amigo de uno de los creadores de Kukuxumusu, le planteó que sería capaz de portar una camiseta que denunciara la vulneración de los derechos humanos en esa prisión, si Kukuxumusu era capaz de realizar un dibujo discreto y que pudiera pasar la censura. La idea era diseñar algo que no fuera fácilmente identificado y censurado y, a su vez, que fuera una crónica grafica de lo que sucede en Guantánamo.


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03 noviembre 2009

Sigue los reportajes de Jon Sistiaga en Play Cuatro


Si te perdiste algún reportaje de Jon Sistiaga, o simplemente quieres disfrutar de la más candente actualidad bajo la mirada de Sisitaga,  te damos la oportunidad  de engancharte cuándo quieras, gracias a Play Cuatro, una nueva plataforma donde podrás ver la programación íntegra de Cuatro, así como la emisión en directo de muchos programas de la cadena y de CNN+.

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30 octubre 2009

Jon Sistiaga, desde los campos de refugiados saharauis (III)

Johny

Hoy una camella se ha enamorado de Santi Millán. Le ha puesto ojitos y se ha dejado acariciar por este embaucador sin escrúpulos.

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La camella de la foto es un ejemplo de lo que este proyecto va a conseguir: comprar muchas como ellas para que produzcan leche, montar una granja de camellas.

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Cada una produce seis litros de leche al día y aquí, lo hemos comprobado, la beben sobre todo niños y ancianos.

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Esto es el desierto. El avión llega tres veces por semana. La alimentación se basa en la ayuda humanitaria.

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Comprar camellas puede parecer un poco friki, pero aquí, en el Sáhara, es de lo más necesario.


Jon Sistiaga desde el Sáhara por SMS

X1Fin: Juntos por el Sahara

29 octubre 2009

Jon Sistiaga, desde los campos de refugiados saharauis (II)

Hoy nos hemos acercado al famoso muro marroquí. Dos mil kilómetros de alambradas, minas antipersona y soldados magrebíes.

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El muro está a ochenta kilómetros de los campamentos. En medio, un territorio inhóspito y desértico que el Polisario considera “liberado”.

El militar que nos escolta se ha empeñado en hacernos un té frente al muro: hay cosas que ni si quiera una guerra altera.


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La gente sigue alucinando con nuestro proyecto de comprar camellas para que den leche…


Jon Sistiaga desde el Sáhara

X1Fin: Juntos por el Sahara

Jon Sistiaga, desde los campos de refugiados saharauis (I)

Hoy no ha hecho mucho calor en los campos de refugiados saharauis. Cuando hablas con esta gente que lleva aqui tirada, en medio del desierto más de 30 años descubres que las nociones de pertenencia, de permanencia, incluso de dignidad parece que las descubrieron ellos.

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Hemos estado en una clase de español con niños de siete años y me han preguntado por el significado de dos palabras: "vagabundo" y "ójala". No sé si era simple curiosidad o me estaban dando una lección de épica de la resistencia... Ah! les ha encantado nuestro proyecto.

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Jon Sistiaga desde el Sahara


X1Fin: Juntos por el Sahara

15 septiembre 2009

Jon Sistiaga: Infierno Guantánamo

“Los presos aquí viven como reyes”. Me lo dice, así de rotundo, el sargento Roberto, encargado de la custodia de los presos de Guantánamo. El tipo, de origen mexicano, soltero, 10 años de servicio en la Marina de los EEUU, suelta la frase y después una risa de autocomplacencia. Como le pongo cara de perplejidad, le digo, con la confianza de compartir el idioma, “Roberto, guey, ¡como puedes decir eso!”, se explica: “Tienen tres comidas al día, ahora pueden ver a sus abogados y hasta recibir cartas de la familia, tienen duchas, juegan al fútbol… Viven mejor que en cualquier prisión de los EEUU. Yo si fuera preso quisiera estar en Guantánamo”.


Roberto no sabe el nombre de ninguno de los presos a los que vigila, sólo sus números. Tampoco tiene ninguna intención de conocerlos o simpatizar con ellos y cree que eso revela una actitud profesional. “No hay que quererlos, pero tampoco hay que odiarlos” me dice, ese es su lema. Roberto sólo se bloquea cuando le pregunto si estar encerrado seis años en jaulas de zoológico, sin ver a un juez, sin saber de que te acusan, sin que presenten pruebas en tu contra y sometido a torturas continuas, es vivir como un Rey. “Yo de eso no entiendo, es cosa de políticos”, me balbucea. Roberto, como la mayor parte de los soldados que ejercen de carceleros en Guantánamo, está en la prisión de manera voluntaria por que se cobra más y dan puntos para ascender. Con sus años de servicio en la Navy, Roberto se está levantando, como carcelero en Guantánamo, unos 1.800 euros al mes…


Hemos decidido llamar al reportaje que hemos hecho en ese agujero negro de los derechos humanos “Infierno Guantánamo”. Durante un par de días, el Estado Mayor Conjunto de esa base militar norteamericana en territorio cubano me ha dado permiso para visitar sus instalaciones. Siempre vigilado y controlado. La censura militar ha sido implacable. Me ha mutilado el 40% del material grabado. Por eso, en el reportaje se ofrecen testimonios de ex presos de Guantánamo y de sus abogados grabados en lugares como Londres, Madrid o Washington. Sus palabras sirven para contrastar la versión amable que esa censura intenta dar de la prisión. “Aquí se les trata de manera segura, humana, legal y transparente”, me insistía el Almirante Thomas Copeman, al mando de la misión. Sin embargo, sus órdenes eran que no me permitieran contactar con los presos, ni hacerles preguntas, ni sacar sus caras, ni por supuesto, grabar sus gritos de socorro. Esas eran las condiciones para que me dieran el permiso de entrada. Luego, allí, las prohibiciones se multiplicaban: tampoco se puede grabar los cerrojos de las puertas, los extractores de aire, los detectores de incendios, los nombres de los guardias, las acreditaciones que cuelgan de los cuellos, ni siquiera se puede grabar el mar, según dicen, para no dar pistas de que la cárcel está cerca del agua, como si nadie supiera que Guantánamo es una base naval en una isla y que con Google Earth se llega a cualquier sitio.


Fue inútil discutir con aquellos censores de cara de piedra. Inalterables. Si no borrabas requisaban toda la cinta. Creo que el único sitio donde no pudieran mirar fue mi propia memoria. Allí deje grabados y almacenados los gritos desesperados de los reclusos del Campo Cinco, el de máxima seguridad, donde están los más duros o los más irreductibles. “Son unos mentirosos, no creas a los guardianes. Son torturadores”, gritaban a través de los ventanucos de sus celdas al periodista. Vi sus caras aplastadas contra los ventanucos de las celdas. Vi su desesperación en esas narices deformadas, en esos ojos fuera de sus órbitas. Uno de ellos, barbudo, joven, me apuntó con su dedo y me quedé paralizado: “Que no se lleven mi Corán”, me decía fuera de sí… Sinceramente, me quedé estremecido. Todavía no sé si tuve delante de mí a los más duros de Guantánamo, si eran los irreductibles, los militantes a sangre de Al Qaeda que me estaban intentando lanzar mensajes, o simplemente estuve, como decía un ex preso, ante los desequilibrados de Guantánamo, los que hace tiempo que se han roto.


Creo que allí todo está pensado para ir robando, poco a poco, la dignidad de cualquier preso. En la biblioteca de la cárcel insisten que a los reos les encanta leer Harry Potter, pero no veo ningún texto legal o sobre derechos humanos, nada que puedan utilizar a su favor. En la cocina dicen que les preparan seis menús diferentes, pero al final, como dicen muchos ex presos, nadie evita que el guardián de turno escupa en el plato. En el hospital aseguran que sobre todo curan heridas y magulladuras que los presos se hacen… jugando al fútbol. El coronel Vargo, mirada de hielo, voz de tipo duro, una especie de coronel Killgore encargado de interrogar a los detenidos, ironiza ante la cámara: “Pues claro que aquí no torturamos. No sé por que se describe este sitio como una especie de Neverland, de país de nunca jamás. No es así…” No sé por qué, pero no consigo creerle.


Una mañana me llevaron al conocido como Campo Rayos X, aquel infame lugar donde los presos llegaban vestidos con monos naranjas, y aislados sensorialmente con antifaces y orejeras. Ahora es un paraje abandonado lleno de ratas y serpientes, pero todavía, al pasear por esas celdas, se puede sentir esos sonidos del pasado en forma de gritos, humillaciones y torturas. Un soldado me dio una especie de tour turístico por los lugares emblemáticos del campo, entre ellos, las salas donde se interrogaba a los prisioneros. Donde, como reconocen muchos ex presos, eran sometidos a todo tipo de vejaciones.


Quedan apenas 200 presos en Guantánamo. El general Rafael O´Ferrall, un simpático puertorriqueño, está al mando de los guardias. “Todos los detenidos que tenemos aquí hicieron algo, son terroristas”, me dice sin especificar el qué. Le digo que no es por no creerle, que seguramente Guantánamo no está lleno de angelitos inocentes, pero le pregunto porque no se prueban sus cargos, que es un poco indecente e inmoral, y creo que ilegal, tener a alguien encerrado por si acaso durante 8 años. Se encoge de hombres: “Yo cumplo órdenes.” Hace unas semanas, su comandante en jefe, el presidente Barack Obama, dijo solemnemente que Guantánamo se había convertido en un símbolo que reclutaba más terroristas que los que ayudaba a detener. Guantánamo, lo dice Obama, es un auténtico limbo legal, un lugar en el lado oscuro de la democracia. Un auténtico caos legal. No lo digo yo. Lo dice también Obama.

10 junio 2009

¡Ojala mi marido estuviera preso en Guantánamo!


"Me gustaría decir que sigo siendo la esposa de Mustafa Setmarian, pero no se si sigo casada o no. Mi marido fue secuestrado por el gobierno estadounidense hace cuatro años y desde entonces no sabemos nada de él". Helena Moreno es madrileña, de Moratalaz, y es la esposa de uno de esos prisioneros fantasma cuya existencia niega Estados Unidos. Setmarían, más conócido en círculos yihadistas por su alias de Abu Musab al Suri, está desaparecido desde que fue detenido en Pakistán a finales del 2005. Unos días después la CIA descolgó de su web el anuncio en el que ofrecía 5 millones de dólares de recompensa por su captura. Desde entonces, el silencio. Ahora que se lanzan mensajes desde la Casa Blanca sobre el inminente cierre de la cárcel de Guantánamo, Helena no quiere que se olvide a su marido y a los otros prisioneros fantasma que Estados Unidos mantiene en prisiones subcontratadas en Afganistán, Irak, Yemen, Siria, la isla de Diego García o incluso barcos de la Armada. "Si se merece un juicio, pues que se le juzgue, e incluso que se le condene, pero que sea un juicio justo. Que se le acuse de algo y que tenga la oportunidad de defenderse…", me dice con ojos de angustia.

 

La entrevista se la hago en la habitación de un hotel en una ciudad del Golfo Pérsico, donde vive de manera discreta. No quiere dar el nombre del lugar para no molestar al Gobierno que la acoge. Llevo cuatro años intentado entrevistarla. Durante ese tiempo nos hemos cruzado muchos emails y siempre he respetado su negativa a hablar. Nunca le mentí. Siempre le dije que me interesaba mucho la figura de su marido, al que considero un tipo extremadamente culto e inteligente, y por tanto, extremadamente peligroso si aplica toda esa lógica a la violencia yihadista. Nunca le adorne o suavice las preguntas que le quería hacer sobre Setmarian. Sabía que tanto su email como su teléfono eran constantemente rastreados por los servicios secretos norteamericanos para encontrar alguna pista que les llevara al que para muchos es el número cuatro de Al Qaeda. Esa sinceridad, y la idea de que no buscaba una exclusiva como fuera, sino hablar con ella cuando se sintiera preparada para ello, se materializó hace unos días.


Helena está desesperada. Se considera una especie de viuda virtual porque ni siquiera sabe si su marido está vivo o muerto. Cuando Estados Unidos ha reconocido que custodia a algunos de los más peligrosos miembros de Al Qaeda, incluso a los autores materiales del 11-S, Helena no se explica porque esa negativa a confirmar que mantienen preso a Mustafa. Recientemente, el FBI ha reconocido que "no está en territorio de EEUU", lo cual no quiere decir que no se encuentre en cualquiera de los buques de la Armada que funcionan como prisiones flotantes, en bases militares de otro país como Diego Garcia (en el Indico), Bagrán (en Afganistán) o Guantánamo, o incluso en cárceles de Siria o Egipto. "¡Fíjate como estaré de desesperada que he llagado a pensar que ojala estuviera mi marido prisionero en Guantánamo!. Al menos así podría decirle a mis hijos donde está su padre, o mandarle cartas con la Cruz Roja Internacional donde le digamos: "Papa, te queremos y te echamos de menos"…


Setmarian1 Helena puso condiciones para la entrevista. Yo iría sólo y sería en el hotel, nada de visitar su casa. Moreno se presentó con su hijo mayor, Abdulkader, que es una copia exacta de su padre. Venía vestida con un nikab, el velo negro típico en la península arábiga que cubre a la mujer por completo excepto los ojos. Nos tomamos un café y charlamos un rato para cogernos confianza. Me costó convencerla de que se retirara el nikab para la entrevista. Cada uno es libre de vestir y vivir como quiera, "no cuestionó para nada las elecciones vitales de cada uno" le dije, pero Helena era consciente de que esa imagen, con su rostro completamente tapado, hablando a través de un velo que apenas se movía, podía causar cierto rechazo o cierta incomprensión antes su causa en España. Madre e hijo me pidieron unos minutos de reflexión para decidir si se quitaba ese velo. Me fui de la habitación para que lo pensaran a solas. Quitarse el velo ante un hombre que no sea de la familia era realmente una prueba, a la vez de lo desesperada que está Helena, y de la necesidad por hacer algo por su marido. Al final, y también ante el argumento de que yo debía de asegurarse de que realmente estaba entrevistando a Helena Moreno, accedió a retirárselo. De alguna manera sentí que estaba violando su espacio más íntimo y su decisión más personal como musulmana. Me sentí incómodo hasta que la propia Helena sonrió por primera vez.


Creo que Mustafa Setmarian, o Abu Musab al Suri como el prefería llamarse en los últimos años, es un prisionero de alto valor para los servicios de inteligencia norteamericanos. En su cabeza está el diseño de la nueva Al Qaeda, de la nueva Yihad global. Es un estratega. Sus consejos y sus recomendaciones han sido escuchados tanto por Ben Laden como por el Mula Omar. Y Helena siempre ha estado muy cerca de él, en Pakistán o en Afganistán. Le digo que podría escribir un libro sobre sus peripecias y que si es consciente de haber vivido en el epicentro de la HISTORIA con mayúsculas estos últimos años, y me dice que, a veces, uno puede estar en el epicentro de una tormenta y no enterarse de nada y que su casa sea la única que no tiene desperfectos. A mi me parece que su lealtad y su amor por su marido le hace ponerse demasiadas vendas ante sus ojos. Hay demasiadas evidencias que Helena se niega a ver o a somatizar. Evidencias, y pruebas.
Pruebas de que Setmarian mantuvo una relación muy especial y cercana tanto con Ben Laden, al que le mandaba emails criticando algunas acciones de Al Qaeda, como con el Mula Omar, el líder talibán al que tanto admiraba por haber creado un auténtico Emirato Islámico. Pruebas de que dirigió su propio campo de entrenamiento militar e ideológico en Afganistán, el que llamó Al Ghuraba, cuya traducción podía ser la de "Los diferentes", y que nos da una idea de la independencia y el respeto del que gozaba la figura de Setmarian en el Afganistán del año 2001. Allí dio numerosos cursillos sobre terrorismo y de allí se obtiene esa imagen que lo ha hecho famoso en todo el mundo, con la pizarra a un lado y el kalashnikov al otro. Esos cursillos fueron grabados en video, y yo tuve la oportunidad de conseguirlos en exclusiva en el 2005 y emitirlos para Cuatro. Fue la primera vez que todos, periodistas, analistas y fuerzas de seguridad, tomamos conciencia de la importancia de Setmarian en la formación de muyahidines en Afganistán a los que no sólo daba entrenamiento militar, sino sobre todo ideológico.

Setmarian Nasar, Mustafa. Abu Musa al Suri6 Otra prueba, quizá la más incontestable. En los últimos años, y gracias a su prolífica producción literaria, se ha convertido a través de Internet en el gran teórico de la yihad global y uno de los grandes estrategas que ha tenido Al Qaeda. Al Suri ha escrito, desde la clandestinidad tras la caida de los talibanes, un libro de 1.600 páginas titulado Llamada a la Resistencia Islámica Global que se ha distribuido por los foros yihadistas como el nuevo manual de campo de Al Qaeda. Entre sus aportaciones, la idea de que esa organización tiene que funcionar con pequeñas células locales autogestionadas y autofinanciadas que atenten en los países donde residan y que reivindiquen las acciones bajo el paraguas de la Yihad mundial.


El caso es que mientras los norteamericanos le mantengan desaparecido, Setmarían ni puede ser juzgado ni condenado por todo esto. Ahora mismo carece de derechos. Ni siquiera los más mínimos. Ni siquiera los que disfrutan los detenidos en Guantánamo que, al menos, existen. "Mi marido es un prisionero fantasma. Sabemos que fue detenido en Pakistán, que los servicios secretos lo entregaron a la CIA, y que después estuvo internado en una cárcel secreta de la isla de Diego Garcia. Ahí perdimos el rastro", enfatiza Helena. Sus ojos sólo se iluminan cuando habla de los cuatro hijos que tiene con Setmarian. Sólo el mayor Abdulkader sabe quién es su padre, el mediano Omar, y las dos niñas Dania y Zuriya, creen que es un escritor famoso que vive en el extranjero. "Fíjate que la prensa ha llegado a decir que teníamos cuatro varones y que a uno de ellos le habíamos llamado Osama, como Ben Laden", se queja esta mujer fuerte y vital. Muchas noches, Helena le escribe a su marido un diario, contándole cosas cotidianas de la familia o el trabajo, diario que después guarda en un cajón porque no tiene a donde enviarlo. Helena sabe que a Setmarian se le acusa de ser un líder terrorista, un teórico de la Yihad, un experto en explosivos, y que el juez Garzón le tiene encausado por haber formado, supuestamente, la primera célula de Al Qaeda en España. Sabe, que si le dejan volver, probablemente, le espera la cárcel, pero le da igual: "Pido ayuda al gobierno de mi país. Mi marido es español, nuestros cuatro hijos son españoles. El gobierno debería moverse. ¡Hacer algo!"


Setmarian Nasar, Mustafa. Abu Musa al Suri7 Su fidelidad, su devoción por Setmarian, parecen haber desactivado su capacidad crítica respecto a la figura de su marido. Porque Helena no es tonta. Todo lo contrario. Ha sabido sacar adelante a cuatro hijos en países extranjeros y muchas veces, casi, en la clandestinidad. Habla perfectamente árabe e inglés. Da clases en un instituto. Y se da cuenta, claro, de que hago y rehago las mismas preguntas sobre las "actividades" de su marido, aunque de diferentes maneras. Por eso, cuando le pregunto de qué se le acusa, me responde que "de escribir y pensar". Cuando le repregunto que por escribir y pensar no se ofrecen cinco millones de recompensa asegura que sí, que fue para acallar su voz y sus opiniones. Helena trata de banalizar las acusaciones que hay contra Setmarian e insiste en su lado más intelectual e ideológico. Asegura que tras el 11-M, cuando algunos medios de comunicación apuntaban su posible autoría intelectual, el propio Setmarian llamó a casa de sus padres, en Moratalaz, para negar su relación con los hechos. Helena no se cansa de repetir que Setmarian es sobre todo un profesor, un pensador, y me suelta:


-"¡Incluso tu, Jon Sistiaga, le has llegado a calificar en tus reportajes como de catedrático!",


-"No es del todo cierto, le respondo, yo lo que dije es que era una especie de catedrático del terrorismo".


-"Bueno, tu has dicho cosas que, mejor vamos a pasar de ellas para llevarnos bien", me aclara…


Le digo que quizás tenga razón, que sea un teórico, o mejor dicho, un estratega, pero que en sus charlas ante los muyahidines, y que Cuatro emitió en exclusiva, decía cosas como que "para el terrorismo, como para la poesía, se necesita talento", que enseñaba como atentar contra una central nuclear lanzando contra ella una avioneta kamikaze, o que titulaba algunas de sus charlas como "cultura terrorista" (Thaqafah irhabiyyah). Helena se encoge de hombros, asegura que las traducciones del árabe no suelen ser fiables, pero que, repite, "debería tener un juicio justo y la oportunidad de defenderse…"

16 abril 2009

Niños, guerreros y zombies

Cuando un amigo que reside en Bangkok me contó que hay un monasterio en las afueras de la ciudad, al que acuden los mafiosos tailandeses para hacerse unos tatuajes mágicos que les protegen de las balas y los navajazos, nunca me imágine que iba a grabar una de las ceremonias más extravagantes y bizarras que jamas haya visto. Esos tipos, los más granado del submundo delincuencial del país asiático, se juntan una vez al año para recargar el poder de los tatuajes. Son miles, y todos entran a la vez en una especie de trance místico en la que se sienten poseidos por los espíritus de los guerreros o los animales que llevan dibujados. Carrera


Grabar aquello fue excitante, peligroso y caótico. Nuestras cámaras se vieron sobrepasadas por una estampida humana de cientos de zombies que comenzaron a correr, gritar y golpearse entre ellos. Fue una especie de catarsis colectiva, una ceremonia de exorcismo de miles de tipos, con almas muy negras, intentando purgar todos sus pecados...



  
Boxeador

Pero "Niños, guerreros y zombies" se detiene también en la explotación infantil de millares de niños obligados por sus padres a pelear en combates de boxeo tailandés, una modalidad de lucha en la que también valen los codos, las rodillas y los pies. Crios de 5 años que entrenan todos los días, que duermen debajo del ring, que tienen que hacer 500 flexiones al día, y que suben dos veces al mes al cuadrilatero para partirle la cara a otro niño de la misma edad.Las mafias de las apuestas están detrás de esta locura.


Organizaciones de derechos humanos como "Save the children" han denunciado que todos los años hay 20.000 niños nuevos en los gimnasios, todos con el mismo sueño de llegar a ser una gran figura del Muai Thai. El reportaje enseña como es la vida de uno de estos pequeños, niños que con dos peleas consiguen el mismo salario que sus padres, pero también enseña las radiografías médicas del cerebro de estos niños tras uno de esos combates. Los hematomas, los golpes, las marcas visibles e invisibles que pueden marcar su futuro…


 Los tatuajes mágicos antibalas de esos mafiosos son, en algunos casos, auténticas filigranas, ¿Sabes qué famosa actriz de Holywood, pareja de otro conocido actor, lleva en su espalda uno de esos tatuajes?


 ¿Sabías que el Muai Thai es el deporte nacional tailandés y que la edad mínima para practicarlo, legalmente, es de 15 años?


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21 febrero 2009

Turismo bélico

Hay estos días en los alrededores de la frontera de Gaza, en las mismas zonas altas donde nos situamos los periodistas tratando de otear algo de lo que ocurre dentro de la franja, una especie humana particularmente grotesca: Los turistas bélicos... Ciudadanos israelíes que cuando no tienen nada que hacer, sobre todo durante el sábado (el "sabath") o el domingo por la mañana, vienen hasta aquí con bocadillos, banderas y prismáticos para entretenerse un poco. Colina Este pequeño mirador donde estamos haciendo las entradas para los informativos es una pequeña colina desde la que se divisa los arrabales de ciudad de Gaza, el barrio de Beit Hanun y el campo de refugiados de Jabalia. Casi un millón de personas hacinadas que viven con una densidad de 5.000 almas por kilómetro cuadrado. La mayor del mundo. Los periodistas llaman a este lugar "la colina de la Hamburguesa". Hay un pequeño árbol y hasta un columpio.

En los atardeceres de verano, en los que el sol se pone justo encima de Gaza, debe de ser un lugar estupendo para venir con tu pareja, pero ahora está lleno de reporteros y de esos turistas bélicos. Algunos son particularmente molestos, porque son ruidosos e impertinentes, capaces de meterse en medio de tu conexión en directo para salir sonrientes en pantalla (al acabar suelo intentar dialogar con estos cafres para hacerles entender que Cuatro no se ve en Tel Aviv, y que a mi me han fastidiado el trabajo, pero es igual), o de increparte si han entendido algo de tu información y no les gusta...

Estos tipos vienen a ver la guerra desde lejos, con toda la familia, enseñando a los niños desde pequeño que su ejército está allí dentro, pero no les suelen dar grandes explicaciones retóricas sobre la defensa del derecho de Israel a existir… yo lo que escucho son bravuconadas sobre la superioridad de fuego del ejercito israelí y sobre "la lección que le estamos dando a esos árabes para que aprendan..."

Los autores de la "Encyclopédie" en los años de la Ilustración francesa, allá por 1758, definieron el fanatismo como "un fervor ciego y apasionado que causa acciones ridículas, injustas y crueles…" Pregunto a todos esos turistas cuando fue la última vez que visitaron Gaza, y me miran con cara incrédula, como diciendo "¡pero tu estás flipado!... ¡Nunca!". Eso fue antes de que nos cortaran los cables del satélite para fastidiarnos la conexión en directo…

Jon Sistiaga, desde Gaza

CONOCE TODAS LAS CRÓNICAS DE JON SISTIAGA DESDE GAZA:

JON SISTIAGA: A qué sabe el gas lacrimógeno

JON SISTIAGA: Conocen a Banksy en Belén

¿A qué sabe el gas lacrimógeno?

El ejército israelí continua usando el mismo gas lacrimógeno con sabor a almendras amargas de hace unos años. Cuando la bola de humo blanco se acerca a ti sabes que los ojos se te van a enrojecer, te van a picar, te van a llorar, y que tu garganta se secará de repente hasta hacerte toser como si se te escapara el alma. Los jóvenes palestinos afines a Hamas, el movimiento político y paramilitar considerado terrorista por la Unión Europea, también siguen utilizando las piedras de cualquier obra cercana para acosar a esos mismos soldados…

Hace unos días, en Hebrón, en la Cisjordania ocupada por Israel y rodeada por un tremendo muro de hasta ocho metros, me pareció estar siguiendo el mismo guión que tantas veces había vivido durante la segunda Intifada, de cómo es una manifestación en esta parte del mundo. Hacía cinco años que no venía por aquí y todo es muy diferente, pero hay cosas que no cambian... Manifestación Asistimos al rezo en una de las principales mezquitas de la ciudad. La aparición tímida de banderas verdes con la leyenda "Ala es grande", la inequívoca insignia de los radicales de Hamas, hacía presagiar que no sería un rezo normal… La arenga del Imán colocó a decenas de jóvenes palestinos en un estado idóneo de excitación para poder organizar una marcha en medio de la ciudad hasta las inmediaciones de un cercano asentamiento judío.

La policía palestina, que durante días ha estado reprimiendo a los simpatizantes del movimiento islamista a base de palos, esta vez no hizo nada: la masacre de Gaza parece que ha sublimado todas las diferencias entre los palestinos en torno a una reacción en clave patriótica. Ya no importa si se es islamista de Hamas o laico de Fatah, el caso es que la agresión israelí ha sido tan desproporcionada y ha causado tantos muertos que la sociedad palestina ha reaccionado cerrando filas...

Y sí, hay cosas que no cambian, como que el Ejército israelí sigue actuando sin contemplaciones contra los que les tiran piedras o les insultan. Que a reacciones desmedidas le suceden acciones desmedidas, o quizá sea al revés, pero en esta parte del mundo todo se interpreta en clave Bíblica, de Ley del Talión. Cuando los soldados empezaron a disparar a la manifestación logramos meternos en un portal y subir hasta la azotea desde donde pudimos comprobar como se disuelve una protesta a base de gasear a los manifestantes y rociarlos de balas de plástico, que dicen que no matan, pero ya he visto en los enfrentamientos de hace unos años a demasiados niños con una de ellas alojada en la cabeza cómo para creerlo... Balas

Cuando todo ese gas irritante ascendió hasta la azotea, cuando tratamos inútilmente de refugiarnos entre las hileras de ropa mojada colgada al sol, le pedí a uno de los vecinos un remedio infalible que aprendí en los combates callejeros de entonces en estas mismas ciudades: abrir una cebolla y colocarla debajo de los ojos. Acabas llorando como un niño, pero la cebolla, no sé muy bien porqué, se impone al efecto del gas... Tras unos minutos leyendo y valorando la situación, bajamos las escaleras, esperamos a que los soldados dejaran por unos instantes de disparar, y salí por la puerta del portal con el micrófono en la mano para que lo vieran enseguida y me identificaran como periodista. No es que sea una garantía, pero...Desde ese momento nos quedamos en su lado, esquivando piedras de esos pequeños David que las lanzaban hacia los soldados con endiablada puntería...

Cambiarse de bando es un sano y necesario ejercicio periodístico. Saber qué ocurre y qué se piensa en los dos lados. Contemplar como los soldados resuelven una manifestación cómo si realizaran escaramuzas contra un enemigo armado. Cómo se ríen entre ellos para ver quien es el que dispara a bulto hacia la multitud... Al final salir de allí es avanzar a trompicones, parar en cada esquina, mirar hacía todos los ángulos, correr cuando es necesario y frenar cuando no se está seguro de hacía donde ir. Al final, lograr salir de allí sin recibir una pedrada o una bala plastificada es un pequeño triunfo de tu intuición y de tu experiencia...

Pero hay algo que sigue siendo igual, cuando dejas la ciudad, te encuentras con un control del Ejército Israelí en el que te miran hasta la última moneda de los bolsillos, porque, por si se me había olvidado, Hebrón, como toda Cisjordania, sigue siendo territorio ocupado por Israel...

Jon Sistiaga, desde Gaza


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JON SISTIAGA: Turismo Bélico

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Sobre este blog

Jon Sistiaga, uno de los reporteros más afamados de Cuatro, realiza diversos reportajes que analizan la actualidad, muchas veces incómoda

Con su cámara nos ha introducido en los infiernos carcelarios de América de Sur, en la paranoia estalinista de Corea del Norte, o en los submundos del narcotráfico mexicano

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